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España

Un homenaje a Ucrania desde la Memoria Española: 81 años de la última gran victoria del ejército español, por Francisco Torres García

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Francisco Torres García

 

Hace 81 años se libró en la entonces URSS, en los arrabales de la ciudad de Leningrado (San Petersburgo) la batalla de Krasny Bor. Un choque de tintes épicos entre la infantería española y el Ejército Rojo en los inicios de la Operación Estrella Polar, planificada por quien sería mariscal y cuatro veces héroe de la Unión Soviética, Gueorgui Konstantinovich Zhúkov. Considerado por la historiografía soviética y posterior como el mejor de los comandantes soviéticos en campaña, los soldados afirmaban: «Donde está Zhúkov, está la victoria».

Con aquella, sin duda, pensaba añadir, a la que sería una brillante carrera militar, la liberación definitiva de la ciudad de Leningrado. La misma que había conseguido defender ante el asalto alemán en el otoño de 1941. Con una concatenación de ofensivas en los Frentes de Leningrado, Vóljov y Noroeste pretendía alcanzar un objetivo  muy ambicioso: acabar con el cerco a Leningrado, liberar Novgorod, embolsar al 18.º Ejército alemán y abrir el camino hasta la frontera de Estonia y Letonia. Todo ello tras haber desarticulado los soviéticos la Operación Nordlicht, el que iba a ser el asalto definitivo a la ciudad cuna de la Revolución dirigido por el mariscal Erich von Manstein.

La batalla defensiva que libró en Krasny Bor la División Española de Voluntarios, la División Azul, supuso, sin embargo, un revés para el plan de Zhúkov al impedir la ruptura del frente encomendada a unidades del 55.º Ejército; resistencia que contribuyó a la frustración de toda la Operación. Más allá de cualquier otra valoración hay que señalar que si los españoles se hubieran hundido la progresión soviética, que debía protagonizar la 45.ª División de la Guardia del general Krasnov, hubiera sido difícilmente contenible quebrando la línea de comunicación que permitía abastecer a las fuerzas alemanas.

Conviene insistir, como nota introductoria, en una realidad incuestionable que las circunstancias políticas de la última década, junto con algunos sectores de la historiografía, tienden a obviar, que, independientemente de su componente político y de su recluta, la División Española de Voluntarios, la División Azul, fue una unidad del Ejército español, constituida orgánicamente al efecto de realizar una misión específica (combatir al comunismo) y disuelta a la conclusión de la misma. Esta gran unidad consiguió, entre el 10 y el 11 de febrero, en lo que debemos denominar los combates de Krasny Bor, siguiendo al general Fontenla, una importante victoria en lo que fue una batalla defensiva al frustrar la intención enemiga y dislocar una ofensiva de amplios horizontes. No es exagerado, sino simple constatación de la realidad, que en Krasny Bor el ejército español alcanzó su última gran victoria en una gran acción bélica.

Más allá del desarrollo de los combates en aquellas 18 horas de lucha continua entre el 10 y el 11 de febrero, más allá del rosario de acciones heroicas que en aquellas momentos se dieron, avanzado el conocimiento real de los hechos (siendo fundamentales las aportaciones realizadas por Carlos Caballero), desbrozadas algunas interpretaciones herederas de las valoraciones personales de quienes combatieron, eliminados no pocos mitos que durante décadas prescindieron de los condicionantes tácticos y de la realidad de las fuerzas en presencia, vamos a tratar de precisar algunos aspectos, quizás aparentemente secundarios, sobre los condicionantes y las lecciones de aquel día.

La División Azul que consiguió aquella victoria no era la unidad que salió de España en julio de 1941 y que había combatido brillantemente en las orillas del Vóljov. En febrero de 1943 no eran muchos los divisionarios alistados en 1941 que permanecían en el frente, probablemente rondarían los 2.000. Tras agotar las listas de reserva, en marzo de 1942, el gobierno español decidió iniciar un nuevo periodo de recluta del que saldrían la mayor parte de los combatientes en la batalla.

Entre abril y diciembre de 1942 llegaron al frente 14.124 hombres. A partir de mayo comenzaron a abandonar el frente los denominados Batallones de Repatriación. Más de 9.000 voluntarios regresaron a España hasta el último mes de aquel año; entorno a  2.000 no pudieron hacerlo y aguardaban la eternidad en un rosario de cementerios. En este proceso el general Muñoz Grandes chocó con el Ministerio del Ejército y su planteamiento de renovación/sustitución, inclinándose por mantener la vieja «amalgama napoleónica» distribuyendo a los que llegaban entre todas las unidades.

En febrero de 1943 la DEV era una unidad prácticamente renovada. Sobre aquellos voluntarios llegados caería la leyenda de una recluta forzada, alimentada por la paga, pletórica de republicanos y maleantes, con escasa moral de combate y menor voluntad de vencer, salida de los cuarteles, aunque casi 9.000 de los llegados a lo largo de 1942 se hubieran alistado desde los banderines abiertos en las milicias falangistas… Visión que compartía y ampliaba la propaganda soviética que mantendría de forma ortodoxa el PCE y se transmitiría, a través de sus vasos comunicantes, a parte de la reciente historiografía española. La prueba más evidente de que no era así es lo ocurrido durante los combates de Krasny Bor.

En julio de 1942, aquella gran unidad que estaba renovándose/reconstruyéndose, recibió órdenes para trasladarse desde el Vóljov hasta el frente de Leningrado, iban a participar en lo que se anunciaba como el asalto definitivo a la ciudad. Aquel movimiento iniciado en agosto dio tiempo al general Muñoz Grandes para instruir a sus hombres. Además se le indicó que, una vez acantonada en las proximidades del frente, tendría un tiempo antes de entrar en línea. La División Azul iba a tener un papel relevante en la ruptura que conduciría a la ocupación de la ciudad dentro de la Operación Nordlicht. Lo que indica el valor que como unidad de combate se daba a los españoles por parte del mando alemán.

Las circunstancias y la falta de fuerzas acortaron los plazos y la DEV entró en línea el 5 de septiembre entre Alexandrovka y el río Ishora. El general Muñoz Grandes asumió el mando de una zona de buenas posiciones pero sin profundidad en sus elementos de defensa, y procedió a reestructurar sus fuerzas para una acción ofensiva que se mantuvo viva hasta mediados de octubre de 1942. Ahora bien, por sus efectivos, que a finales de octubre podía desplegar 16.343 hombres, la DEV era la unidad más poderosa del frente. Con sus fuerzas podía mantener su sector sin dificultades ante cualquier contingencia.

El general Emilio Esteban-Infantes, que iba a sustituir en el mando a Muñoz Grandes, llegó al frente en agosto para convertirse en 2ª Jefe de la unidad, a él iba a corresponder, en gran medida la preparación final de la zona y el despliegue en el nuevo sector que se le iba a adscribir en que se libraría la batalla.

Cerrado definitivamente el planteamiento ofensivo correspondía prepararse para establecer un escenario defensivo ganando lo que no tenían las líneas alemanas de un frente estático como era el asumido, profundidad. Ambos generales conocían la doctrina táctica española sobre la batalla defensiva que optaba por la profundidad y la distribución de posiciones defensivas con espíritu de resistencia al objeto de impedir al enemigo la penetración real y el dominio del territorio. Doctrina revisada durante la guerra civil sobre la que el propio Franco había teorizado, destacando la importancia de la batalla defensiva, en 1938 en sus instrucciones para los jefes de grandes unidades y en sus comentarios al reglamento de ese año. El general Muñoz Grandes asumió que se vería obligado a librar una difícil batalla defensiva cuando anunció que se mantendría a toda costa en Novgorod en el invierno de 1941-42.

El propio Franco en su ABC de la batalla defensiva. Aportación a la doctrina, síntesis final de lo escrito durante la guerra, incidiría en la necesidad de relegar «los órdenes lineales», optando por «sistemas profundos, tanto más necesarios cuanto mayor sea la capacidad de penetración de los Ejércitos modernos y su potencia para la ruptura» con lo que se organizará el terreno propio «preparando el sistema de fuegos que ha de aniquilar al enemigo», asumiendo que las fuerzas enemigas progresarán según sea la red de comunicaciones existentes que permitirán alimentar la batalla, por lo que «los campos de batalla principales hemos de buscarlos en esas vías de penetración, como en ellas ha de situarse el centro de gravedad de nuestras tropas», creando la zona de resistencia y en esta, siguiendo los reglamentos tácticos, lo fundamental es el ocultamiento y la dispersión de las fuerzas. En ese marco se desarrolló la batalla de febrero en el frente ruso.

Tanto Muñoz Grandes primero como Esteban-Infantes después trabajaron para dotar de profundidad sus líneas. La línea española tuvo una relativa tranquilidad, aunque sometida a los duelos artilleros y golpes de reconocimiento, entre los meses de octubre y noviembre, lo que permitió incidir en la instrucción de las fuerzas. Una optimización que no hay que depreciar a la hora de valorar las razones de la victoria española.

El problema, sobre todo para Esteban-Infantes al asumir el mando completo, fue la constante ampliación de la línea a cubrir por los españoles desde el sector inicial establecido entre Alexandrowka y el meandro del río Ishora. En enero de 1943 los soviéticos lanzaron la Operación Iskra que daría origen a la batalla por el control de los Altos de Sinyavino. La falta de fuerzas hizo a los alemanes exprimir el frente sacando unidades. La División Azul cedería al II Batallón del 269.º a mediados de enero de 1943. En Sinyavino los españoles demostrarían, una vez más, su capacidad de aferrarse al terreno y no ceder hasta quedar reducidos a la mínima expresión (solo 30 hombres regresarían indemnes), algo que no parece que fuera tenido en cuenta por el mando enemigo. Todo ello llevaría a la División a extender sus líneas primero hasta Krasny Bor, y después hasta más allá de la línea férrea cubriendo otros siete kilómetros. De un despliegue en el que los españoles mantenían reservas en cada subsector se pasó a un despliegue que embebía en línea a casi todas las fuerzas. Pero lo más grave era la falta de profundidad de la línea más allá del Ishora y la necesidad de preparar el terreno. Esteban-Infantes tendría que luchar contra el tiempo para ganar profundidad, pero este se estaba acabando. El tiempo había permitido trabajar en todo el sector la oeste del Ishora, pero ahora las líneas española podían alcanzar, según se evalúe, entre los 24 y los 30 kilómetros para soldarse al este con las fuerzas limitadas de la 4.ª División SS Policía que estaban retornando tras su participación en los combates de mediados de enero.

La División Azul cubría una línea que cortaba el río Ishora, la carretera Leningrado-Moscú, la población de Krasny Bor que ocupaba unos 9 kilómetros cuadrados y la línea del ferrocarril Leningrado-Moscú. A lo largo del mes de enero se hizo evidente que el subsector que se abría en el Ishora y llegaba hasta la línea férrea era tácticamente fundamental. Esteban-Infantes asumió la necesidad de ganar en profundidad asegurando las líneas en el Ishora y cubriendo la carretera, pero para completar un sistema que contara con suficientes posiciones para cubrir una amplia zona de resistencia necesitaba más tiempo. A la vez procuró destruir los intentos enemigos de progresar a la hora de acercar sus posiciones a la línea española ante Krasny Bor y la línea férrea. El condicionado despliegue español en la zona mostraría su eficacia el 10 de febrero.

El  subsector de unos 11 kilómetros de línea, con unos cuatro fundamentales entre la carretera y el ferrocarril, quedó guarnecido por el Regimiento 262.º a las órdenes del coronel Manuel Sagrado Marchena, reforzado con el Batallón de la Reserva Móvil y la Compañía de Esquiadores, a lo que se sumarían, exprimiendo la División, el Grupo de Exploración, el Batallón de Zapadores y el Grupo Antitanques. El 10 de febrero tenían establecidos 2 escalones de despliegue y dos pequeñas reservas en su retaguardia. Durante los combates improvisarían una tercera línea. En total unos 5.000 hombres.

Lo que difícilmente podía prever el mando español o alemán era que los soviéticos hubieran situado el punto de ruptura de una gran operación ofensiva precisamente en aquellos kilómetros. Allí los españoles tendrían que aguantar primero la durísima ruptura artillera y después el asalto enemigo. Lo harían en inferioridad ya que el Ejército Rojo desplegaba 4 divisiones (72.ª y 43.ª de Fusileros, junto con la 63.ª y 45.ª de la Guardia) y una imponente masa artillera (la proporción con respecto a las baterías hispano-alemanas ha precisado Carlos Caballero era de 3.3 a 1, «que ya era bastante»). Flanqueada por las divisiones 72.ª y 43.ª de Fusileros, la 63.ª División de la Guardia, al mando del general Nikolái Pávlovich Simoniak tenía la misión de abrir brecha en Krasny Bor consiguiendo la necesaria ruptura. No era la 63 División una unidad escasamente fogueada, ni su general carecía de brillantez. De hecho, había protagonizado el 18 de enero la ruptura del frente enemigo en Shlisselburg, enlazando con las fuerzas del Frente del Vóljov en la Operación Chispa, lo que valió a Simoniak la Estrella de Oro de Héroe de la Unión Soviética.

La terrible preparación artillera que se prolongó durante casi dos horas castigó muy duramente a las compañías españolas, que en algún caso llegaron a sufrir bajas cercanas al 80% de sus efectivos. Simoniak no esperaba una fuerte oposición y cuando la infantería roja avanzó apoyada por carros KV 1 se encontró con la enconada resistencia de los restos de las compañías de Huidobro, Palacios, Oroquieta, Aramburu, Campos… Se abría así el tiempo de las resistencias decisivas que se prolongaría durante horas. Algo que no debió extrañar, cuando comenzó a tener información, al general Esteban-Infantes pues él mismo las había vivido en primera persona durante la batalla de Brunete en la guerra civil. Tampoco, a pesar de la dureza se produjo el hundimiento de la moral, los que retrocedieron en medio de la lluvia de fuego se recompusieron y contraatacaron cuando encontraron mandos que los reagruparon. Algo que difícilmente hubiera sucedido en una unidad de recluta forzada o sin más horizonte que la paga.

Según la propaganda enemiga la División iba a plantear escasa resistencia dado el componente humano de la nueva recluta. Parece evidente que los mandos del Ejército Rojo habían asumido como real esta imagen. Sin embargo, lo que los españoles estaban demostrando era una alta moral de combate no quebrándose la voluntad de vencer y una elevada calidad entre sus jefes, oficiales y suboficiales que tuvieron que combatir durante horas sin la necesaria comunicación entre las compañías ni con el mando superior establecido por Esteban-Infantes en el puesto avanzado de Raykolovo. Las compañías de la Guardia pudieron sobrepasar los núcleos de resistencia de las compañías de línea, pero se empantanaron en una zona de resistencia que nunca pudieron dominar, no pudieron adueñarse del terreno y esa fue la clave del día.

Sin comunicación exacta sobre el alcance de la penetración enemiga durante horas el general Esteban-Infantes movió sus escasas reservas y adoptó la medida de recurrir a los hombres del Batallón de Repatriación, disponiéndose a aguantar, en el peor de los casos apoyado en el Ishora; al otro lado del río el intento de progresión soviética había sido contenido y rechazado el ataque en el meandro del río. Con respecto a la actuación del general Esteban-Infantes, el general Fontenla ha precisado que si bien no percibió la entidad del posible ataque, «durante al batalla reaccionó de forma correcta… en su puesto de combate: empleó el fuego de la artillería divisionaria, empeñó reservas disponibles y se esforzó en organizar otras nuevas, y reforzó el borde de la lucha en Ishora para impedir sus ensanchamiento y facilitar, en su caso, la estrangulación de la penetración mediante un contraataque general».

Al caer la noche, sobre las 15.30 los combates adquirieron una nueva dimensión sobre un terreno en el que las manchas blancas se alternaban con grandes extensiones de barro. Los españoles continuaban resistiendo en su segundo escalón apegados a las construcciones de Krasny Bor y en su improvisada última línea de resistencia. Los divisionarios habían dado tiempo al mando alemán a preparar una línea tras la zona de combate para guarecer Sablino. Las fuerzas de Simoniak no pudieron abrir la brecha necesaria en Krasny Bor, ni se pudo progresar al este de la línea férrea: no hubo ruptura definitiva. El mando del 55.º Ejército no pudo usar su reserva convenientemente, la 45.ª de la Guardia del general Krasnov, pues ya no había éxito que explotar y los alemanes habían desplegado una línea defensiva tras los españoles.

Al finalizar el día los divisionarios habían perdido en aquel subsector, que cederían a los alemanes de forma progresiva hasta la medianoche, entre 3 o 4 kilómetros, pero -insistimos- los soviéticos no consiguieron su objetivo que era abrir una brecha rompiendo el frente y dominando el terreno para permitir el avance, con lo que su ataque quedó dislocado perdiendo más de un tercio de sus efectivos, sin romper nunca de forma definitiva la última línea española ni ocupar su zona de resistencia.

La gloria, la victoria y la muerte acompañan siempre hechos de armas como los combates de Krasny Bor. En torno a 1.100 españoles perdieron la vida en la batalla, entre 200 y 300 cayeron prisioneros, otro millar y medio recibieron heridas de consideración -parte de ellos también dejarían este mundo a consecuencia de las mismas o acortarían significativamente su vida-. Hubo acciones heroicas que por falta de testigos nunca fueron convenientemente recompensadas. Un soldado, Antonio Ponte Anido, pese a estar herido decidió frenar un T-34 que se dirigía hacia un hospital de campaña, lo hizo con su vida, fue recompensado a título póstumo con la Cruz Laureada de San Fernando.

Según anota Carlos Caballero el mando alemán anunció la concesión por los hechos de aquel día de 30 Cruces de Hierro de 1ª, 300 de 2ª y 400 Cruces al Mérito Militar con Espadas. En parte de aquellos prisioneros, que fueron internados en los campos de concentración soviéticos, tampoco se quebró la voluntad de continuar la lucha y vencer. Algunos de ellos serían condecorados tras volver a España 11 años después.

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España

¿Sirve para algo el PP?. Por Manuel Ruiz Zamora

AGENCIAS

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La incompetencia política del partido opositor, con un líder siempre a la defensiva, contribuye a la continuidad de Sánchez

Hay dos comunidades autónomas que han servido como campos de experimentación a la deriva política que, más tarde, el partido socialista de Pedro Sánchez ha aplicado en el resto de España. La primera de ellas es Cataluña; la segunda, Andalucía. De hecho, la praxis política del sanchismo podría definirse como una combinación de elementos ya ensayados en esas dos autonomías.

De Cataluña se han incorporado las estrategias de exclusión sistemática de todos aquellos sectores de la población que no comulguen con los dictados de un credo único, así como la fagotización implacable, al servicio de éste (que no es sino el recurso recaudatorio de una cleptocracia dirigente) de todas las instituciones que debieran tener un marcado carácter de neutralidad. De Andalucía, María Jesús Montero mediante, se ha reduplicado el empobrecimiento de las clases medias por medio de unos impuestos desmesurados con el único fin de mantener redes clientelares que a la postre resulten decisivas en los procesos electorales. En ese escenario, como diría el poeta, la corrupción no es ni podía a ser más que el argumento exclusivo de la obra.

En esta última comunidad autónoma, los casi cuarenta años ininterrumpidos de poder socialista se sustentaron sobre dos pilares fundamentales. Por un lado, la existencia de un electorado convenientemente alimentado que, con tal de que no gobernara una derecha sistemáticamente presentada como una caricatura de sí misma, era capaz de perdonar cualquier cosa. De ahí brotó el inmenso lodazal de corrupción de los ERE y los cursos de formación que ahora los herederos en el Gobierno central de sus corruptos regionales están tratando de borrar por razones de interés político y afinidad moral.

El otro pilar lo constituía una oposición puramente nominal que había asumido su papel, si no con delectación, sí, al menos, con una resignación que podía confundirse con la comodidad. Para el PP andaluz el hecho de que gobernaran los socialistas era prácticamente un designio de la divinidad. En consecuencia, se apoltronaron en sus sillones parlamentarios y se dedicaron a dormitar plácidamente hasta que por una carambola del destino que ni ellos mismos esperaban se encontraron con que estaban gobernando.

Es verdad que, desde entonces, han cambiado algunas cosas. La corrupción sistémica propia de los años de dominio socialista ha pasado a la historia. Se percibe una mayor actividad económica producto de las bajadas de impuestos, el apoyo a la inversión y a las empresas y la desaparición de infinidad de trabas burocráticas. No obstante, en el nivel que Marx llamaba de la superestructura, es decir, en el terreno de la ideología y la cultura puede afirmarse que hemos asistido a un cambio estrictamente lampedusiano; todo ha cambiado para que todo siga igual. El Canal Sur es exactamente un clon de la época socialista. En la Junta de Andalucía se sacan unos llamados «Planes de Igualdad en la Administración Pública», entre cuyos objetivos, según nos cuentan, se encuentra, por ejemplo, conseguir «que el personal de la Administración General de la Junta de Andalucía sea consciente de las desigualdades de género», y en los colegios los niños celebran religiosamente, nunca mejor dicho, toda clase dogmas progresistas (Día de la Paz, Día de la Mujer…), pero pasan sin pena ni gloria las conmemoraciones de la Constitución o el Día de la Hispanidad.

«La torpeza del PP en los años de gobierno socialista en Andalucía es la misma que estamos contemplando a nivel nacional»

Pues bien, esa incompetencia congénita, esa inoperancia sistémica y esa consustancial torpeza política del PP en los cuarenta años de gobierno socialista en Andalucía son exactamente las mismas que estamos contemplando en su vertiente nacional. Repasemos tan sólo un poco el insuperable recital de ineptitud que nos han brindado en las últimas semanas. Primero fue el apoyo indocumentado a la iniciativa socialista para liberar presos etarras. Después el desfile de presidentes autonómicos por Moncloa para legitimar el proyecto de Sánchez de cupo catalán. No contentos con ello, las críticas más o menos veladas a la única líder del partido que tuvo la lucidez de no participar en la farsa. Pero quedaba aún lo más alucinante: la gestión de los efectos políticos de la DANA valenciana.

Para cualquier que disponga de un conocimiento mínimo de los usos y costumbres de nuestra izquierda patria, era previsible que desde el primer minuto se iba a activar su colosal maquinaria de propaganda para hacer recaer todas las responsabilidades en el gobierno regional y, por extensión, en el partido que lo sostiene. Pues bien, frente a ello, la dirección del PP con la colaboración inestimable de sus tontos útiles en la prensa de derechas se aplicó a señalar con sorprendente celo….¡Los errores de Mazón!, que no es que no los haya tenido, sino que resultan insignificantes al lado de la responsabilidad principal del presidente del Gobierno, el ministro del Interior, la ministra de Defensa y, por supuesto, la ministra de Transición Ecológica.

Con un líder de la oposición con un poco de sangre en las venas, la manifestación perfectamente orquestada que tuvo lugar en Valencia se hubiera desarrollado en Madrid pidiendo la dimisión inmediata de Pedro Sánchez y todo su gobierno. Ya sabemos que con cientos de muertos en las calles ese juego político es poco menos que inmundo, pero la política es tal vez la forma más sucia de arte, y más aún si lo que tenemos enfrente es una izquierda política que como se ha demostrado al menos desde los atentados del 11-M carece de escrúpulos de ningún tipo.

El resultado de esta situación es el de un presidente de Gobierno que estaba virtualmente desahuciado y que, salvo por elefante cada vez más amenazante de la corrupción, remonta el vuelo una vez más gracias, por un lado, a su innegable astucia para la acción y a unos mecanismos de propaganda perfectamente engrasados, pero también por contar enfrente con un partido de oposición permanentemente a la defensiva y liderado por alguien que tiene la insólita costumbre de no estar nunca presente en los frentes realmente relevantes en los que habría que dar la batalla. 

«Si hay algo que necesita en estos momentos la derecha liberal, después de tanto tiempo de líderes grises, es alguien que brille»

Así pues se impone la siguiente pregunta: ¿nos sirve de algo este PP a quienes no dejamos de soñar con quitarnos de encima algún día la siniestra figura de Pedro Sánchez? Recordemos que con un gobierno en minoría este señor ha conseguido indultar al golpismo catalán y a los corruptos andaluces, controlar el CIS, la Fiscalía, el Constitucional, el Banco de España y, el mismo día en el que la DANA arrasaba Valencia, hacerse con las riendas de la Televisión Pública. ¿Qué hacían mientras tanto los Feijóo y los González Pons, las inefables Cucas Gamarras y los Borjas de todo tipo copan la cúpula de ese partido? ¿Alguien cree de verdad que va a ser esta gente la nos libre de Pedro Sánchez? Permítanme la inmodestia de citarme. Cuando descabalgaron al anterior líder del PP pero aún no habían entronizado a Feijóo, escribí lo siguiente en un artículo que se titulaba O Ayuso o Pedro Sánchez:

«El votante de derechas quiere ahora salir a ganar. Para tal cometido sólo puede valer una política de carisma ilusionante como Isabel Díaz Ayuso. Si hay algo que necesita en estos momentos la derecha liberal, después de tanto tiempo de líderes grises y funcionariales, es precisamente alguien que brille. Por lo demás, en el plano político, Feijóo no significaría otra cosa que la reincidencia en políticas aquiescentes con los imaginarios nacionalistas e indiferentes, cuando no conniventes, con muchos de los dogmas de la izquierda identitaria». Y terminaba: «La disyuntiva, en tal sentido, no puede ser más clara: o Isabel Díaz Ayuso o Pedro Sánchez». Como sabemos se optó por Feijóo, es decir, por la continuidad y el resultado ha sido Sánchez.

Pues bien, la situación desde entonces apenas ha cambiado. A la pregunta, por tanto, de para qué sirve el PP, tan sólo cabe responder en estos momentos que para que Pedro Sánchez y los ecosistemas de intereses en los que se asienta no se encuentren demasiado incómodos. Mientras escribo estas líneas, por ejemplo, se ha confirmado la noticia de que los correligionarios europeos de nuestra derecha han aceptado, contra las pretensiones de Feijóo, la vicepresidencia de Teresa Ribera. Es decir, ni sus compañeros de partido allende los Pirineos se los toman en serio. Por otra parte, no sabemos si, como han aventurado algunos analistas, lo que está esperando Díaz Ayuso para hacerse con las riendas del partido es a que se produzca una nueva derrota electoral. En tal caso, no estaría mal recordarle lo que le ocurrió a Susana Díaz, la antigua presidenta andaluza: estuvo dudando durante tanto tiempo sobre si dar el salto a la política nacional que, cuando finalmente lo hizo, ya nadie contaba con ella.

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