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España

El abogado de Jordi Sánchez: «Hagan de jueces y no de salvadores de la patria»

AGENCIAS

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El abogado de Jordi Turull, Josep Rull y Jordi Sánchez, Jordi Pina, ha pedido a los magistrados del tribunal que «hagan de jueces y no de salvadores de la patria» pues ellos están para juzgar y no para defender la unidad de España.

«Son magistrados no héroes nacionales», ha dicho Pina en su intervención para exponer las cuestiones previas en el primer día del juicio a los 12 líderes soberanistas en el Tribunal Supremo.

El letrado ha cargado contra la «falta de imparcialidad» del alto tribunal al mencionar determinados comportamientos de sus magistrados y de su presidente Carlos Lesmes. «Así lo perciben mis mandantes y yo lo pongo de manifiesto muy a mi pesar», ha añadido.

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Al respecto, ha dicho que Lesmes envió una carta al entonces instructor del Juzgado 13 de Barcelona, en la que le decía que «había cambiado el rumbo de la historia de España y que su desempeño profesional merecía ser calificado de heroico».

Con ello, ha precisado, «se trata de intentar hacer parecer que los magistrados están para defender la unidad de españa», por lo que les ha pedido que «hagan de jueces y no de salvadores de la patria, porque de esto no va este procedimiento».

Asimismo, ha denunciado la «actuación no imparcial» del juez del Supremo Francisco Monterde, que formó parte de salas de apelaciones en la causa, por ser vicepresidente de la Asociación Profesional de la Magistratura (APM), que hizo «tuits en contra de los acusados».

Y, dirigiéndose al tribunal, ha cargado contra la «falta de imparcialidad de al menos cuatro de ustedes», por participar en la Sala que admitió a trámite la querella inicial de la Fiscalía.

Para Pina aquello «no fue una admisión formal» ya que «se hacían referencias a posibles delitos», de manera que esos cuatro jueces «no deberían poder juzgar estos hechos por estar contaminados».

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También ha vertido críticas contra el instructor Pablo Llarena al manifestar que Rull, Turull, Forcadell, Romeva, Bassa tienen un récord porque «la misma persona que los puso en prisión los puso en libertad y sin pasar absolutamente nada mas que el mero hecho de estar en política decidió volver a acordar la prisión».

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España

Losantos recibe en su programa a los curas de La Sacristía de la Vendée

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La entrevista de esta mañana de Federico Jiménez Losantos a Francisco José Delgado y al pater Góngora, sacerdotes referencia de La Sacristía de la Vendée, no sorprende a quien viene siguiendo la evolución del comunicador conservador más conocido de la radio española. Recibir en prime time a los curas de La Sacristía no ha sido un episodio aislado ni una simple concesión radiofónica a un nicho confesional. Se inserta, más bien, en un proceso intelectual que el veterano comunicador lleva meses desarrollando en antena: un recorrido histórico por la Revolución francesa y sus consecuencias, leído no como mito fundacional de la modernidad política, sino como trauma originario.

En ese relato, la Vendée aparece como algo más que una guerra civil olvidada: como el primer genocidio ideológico de la era contemporánea y como el laboratorio de un Estado que, en nombre de la razón y del progreso, inaugura una violencia totalizante contra la fe, la tradición y el orden social heredado. Para un oyente habitual de EsRadio, esta deriva no deja de resultar llamativa. Federico Jiménez Losantos no procede precisamente de un humus contrarrevolucionario: su biografía intelectual arranca en el trotskismo universitario y evoluciona hacia un liberalismo clásico profundamente marcado por el anticlericalismo ilustrado español.

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Y, sin embargo, algo se mueve

El interés de Federico por la Vendée, por los cristeros mexicanos o por la persecución religiosa en España en 1936 no parece ya meramente histórico. En esos episodios descubre un patrón: cuando el Estado moderno se emancipa de cualquier límite trascendente, la Iglesia aparece —paradójicamente— como el último contrapoder real. No un actor político en sentido estricto, sino una instancia que niega al poder su pretensión de totalidad.

Ahí se produce la grieta.

Sin abrazar explícitamente una cosmovisión teológica, Federico comienza a reconocer en la Iglesia —la Iglesia que resiste, la que es perseguida— algo que el liberalismo clásico intuyó pero nunca terminó de asumir: que la libertad necesita un suelo prepolítico, y que cuando ese suelo desaparece, el Estado tiende a ocuparlo todo. La Vendée no le interesa tanto como epopeya piadosa, sino como advertencia política.

En este contexto se entiende su progresiva atención a voces eclesiales que, hasta hace poco, habrían quedado fuera de su radar. Se ha declarado lector de Olivera Ravasi; escucha con interés el catecismo que el padre Zarraute elabora a partir de los textos de monseñor Athanasius Schneider; habla con naturalidad de la Misa tradicional y de una Iglesia que, lejos de diluirse en la modernidad, comienza a resurgir como reacción a ella.

No es (de momento) una conversión, ni parece buscar serlo. Es otra cosa: una aproximación intelectual desde la sospecha ilustrada hacia una tradición que, contra todo pronóstico, sigue produciendo sentido.

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El factor decisivo: los curas jóvenes tradicionales

Francisco José Delgado y el pater Góngora no encajan en el cliché del sacerdote nostálgico o resentido. Su presencia mediática —también en formatos como La Sacristía de la Vendée— combina una formación sólida, una retórica afilada y una sorprendente capacidad para moverse en el terreno cultural contemporáneo sin complejos ni necesidad de traducción permanente. No piden permiso ni disculpas. Hablan desde dentro de una tradición que no presentan como refugio identitario, sino como propuesta inteligible.

Ese carisma rompe barreras. No solo con oyentes católicos, sino con perfiles como el de Federico: intelectuales formados en la sospecha moderna que descubren, casi a su pesar, que el catolicismo que se les había presentado como residual o reaccionario posee una densidad histórica y filosófica que la modernidad líquida no ha logrado reemplazar.

El catolicismo tradicional ya no interpela solo a los convencidos o resurge como moda entre los más jóvenes. Está empezando a hacerlo sobre intelectuales que buscaban respuestas en la Ilustración y se encuentran con sus ruinas. Lo que nunca consiguieron en COPE con todo el aparato episcopal, parece que lo están empezando a conseguir un pequeño grupo de curas jóvenes.

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