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Pablo Casado: «Rivera no es fiable; si puede, repetirá su pacto con Pedro Sánchez»

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Pablo Casado, paseando por Granada
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EM.- «¡Presidente, presidente!». «¡Pablo, lee mi carta, por favor!». «¡Dales caña!». Pablo Casado acaba de cerrar un mitin en Granada ante 1.200 personas y su coche de campaña está literalmente rodeado. «¡Pablo, Pablo! ¡Oye, una foto!». El candidato del PP se sube al vehículo, se quita la chaqueta y los músculos de la cara se le relajan como si acabara de entrar a un búnker. Se pone las gafas y agarra dos móviles. Ojea uno de ellos, con la pantalla sin apenas brillo para proteger la vista. Afuera, una mujer toca el cristal con su anillo de casada: «Eh, que ganamos, ¿eh?». Hay un tipo de simpatizante que se conforma con que su líder repare en él. Luego están los que lo miran fijamente, como queriendo escudriñar el sino de sus votos en el ánimo del candidato. A cuatro días de las elecciones, la incertidumbre reconcome incluso a los más convencidos.

Pero Pablo Casado levanta entonces la vista de la pantalla oscura y sentencia: «Esta movilización es clarísima, ¿verdad? ¿No lo veis? Yo es que lo veo clarísimo». Nadie cree tanto como él en la victoria popular. Porque él no sólo piensa que va a gobernar con los apoyos de Ciudadanos y Vox. También está seguro de que va a quedar por encima del PSOE. ¿Y los tránsfugas? Esos cambian «las chaquetas», pero no el voto. No a estas alturas. Entonces, ese mismo monovolumen que lo trajo un rato antes desde Sevilla enfila la carretera hacia Málaga. En campaña, todos los caminos son siempre el mismo.

Pregunta: Ciudadanos ha fichado a Ángel Garrido a cuatro días de las elecciones, ¿qué le parece?

Respuesta: Tendrán que contestar ellos, yo la verdad es que no hago valoraciones de este tipo de decisiones.

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P. ¿No le hace repensar su relación con Cs? ¿Ve juego sucio?

R. Ya lo dije en casos como el de Silvia Clemente y José Ramón Bauzá. Cada uno tiene que responder por sus decisiones.

P. ¿Es Ciudadanos un partido en el que usted puede confiar?

R. Es verdad que los españoles recuerdan que Rivera dijo muchas veces que no pactaría con Sánchez y no sólo lo hizo sino que pidió a Pablo Iglesias que les apoyara, y al PP, que no entorpeciera esa investidura. Hizo lo mismo con Susana Díaz y gobernó con ella en el Gobierno más corrupto e ineficaz de toda España. Al final, los electores son muy inteligentes y saben qué proyecto es confiable y quién cambia de chaqueta. Mi adversario no es Albert Rivera, es Pedro Sánchez, pero tengo claro que si Sánchez y Rivera suman, van a volver a pactar. No me cabe la menor duda. Por eso apelo a que quien quiera echar a Sánchez de la Moncloa vote al PP, porque si vota a Cs a lo mejor se encuentra con otro pacto del abrazo como el de 2016.

P. Ya son más de 50 los cargos del PP que se han ido, a Cs y Vox, fundamentalmente. ¿Lo ve como un síntoma de debilidad o cree que se nutren de los «desechos de tienta» del PP?

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R. Es una expresión que he escuchado, pero quiero tener el máximo respeto. Me presenté al congreso de mi partido diciendo que nunca insultaría a mis ex votantes, sino que intentaría reenamorarlos. He acometido una renovación profunda del partido que es lo que nos pedían esos 11 millones de españoles que en algún momento confiaron en el PP. Ahora mismo son muchos más los que están volviendo que los que se van.

P. ¿Cree que los debates han movilizado a los indecisos?

R. Cuando un español dedica dos horas a ver una confrontación de proyectos es porque tiene interés. Nunca ha habido tantos indecisos, un 40%. Ahora Sánchez oculta una negociación previa con los independentistas y los batasunos. Y Rivera, una vez más, no se sabe hacia dónde va a dirigir sus pactos.

P. ¿Qué constancia tiene de esa «negociación previa» entre PSOE y los independentistas de la que habla?

R. Son los pasos que se han visto. Se acercan los presos a las cárceles de Cataluña, se retira la acusación de rebelión de la Abogacía del Estado y se presiona a la Fiscalía. Y hay ministros hablando de nación de naciones, de nación catalana, de que no tienen que estar los presos en la cárcel y que hay que indultarlos. Si dices que Torra es loable y te sientas con él en Pedralbes y recibes un documento ignominioso para España y no te levantas de la mesa, sino que lo ocultas dos meses… pues claramente estás negociando. Claramente hay un pacto y el interesado no lo niega. Yo le he preguntado varias veces si va a indultar o si quiere rectificar lo que ha dicho Iceta, y no lo ha descartado. Verde y con asas, Sánchez pactará con los independentistas una consulta y habrá indultos.

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P. ¿Vox ha salido perdiendo al no ir a los debates?

Al final no estar en los debates te saca de la actualidad. Vox y Cs son opciones muy respetables pero no parece muy lógico que si queremos sacar a Sánchez de la Moncloa fragmentemos la escalera en tres partes. Yo ofrecí pactos prelectorales a ambos y recibí dos portazos. Ahora sólo me queda pedir a los electores que se unan en torno al PP.

P. ¿Le sorprendió la actitud de Albert Rivera en el segundo debate?

R. Rivera llegó pasado de vueltas. Presidir un Gobierno no es montar un espectáculo, no es la farándula. Se requiere algo más que marcos y fotos. El problema de Ciudadanos es que no tiene experiencia de Gobierno y no tiene un buen balance de lo que ha planteado para España. Un partido que cambia tanto y pasa de socialista a liberal en un congreso no es fiable. El propio Rivera fue afiliado a Nuevas Generaciones y a UGT al mismo tiempo.

P. ¿Va a sumar la derecha?

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R. Yo creo que hay muchos españoles que van a votar al PP y aún no lo saben, parafraseando a Reagan. La reflexión última les llevará a un valor seguro que es el PP. Creo que tendremos una mayoría más amplia de lo que dicen las encuestas y dependiendo de la distancia con otros partidos nos llevará a un pacto de investidura, de legislatura o de Gobierno. Yo sólo digo una cosa: el Partido Popular que yo presido es votable para cualquier simpatizante o militante de Vox y de Ciudadanos.

P. ¿Usted firmaría los 107 escaños que obtuvo Aznar en 1989?

R. La situación que yo he heredado, y lo dice Aznar, es más compleja que cualquiera que hayan vivido los tres presidentes que me precedieron. Yo cogí un partido sorpassado por Cs, y ahora lideramos claramente un espacio electoral que se fracturó muy a mi pesar y que yo aspiro a refundar. Primero hay que sumar y gobernar, y después, desde el Gobierno, se puede hacer la refundación.

P. ¿A usted, como a Aznar, Santiago Abascal no le llamaría a la cara «derechita cobarde»?

Abascal no se refería a mí con lo de la derechita cobarde, y la verdad es que al presidente de un partido que tiene 20 víctimas mortales por el terrorismo es muy complicado aguantarle la mirada diciéndole eso.

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P.- Abascal se refería a Rajoy, que era presidente de ese partido.

R. Es injusto que las personas que se van del partido lo hagan arremetiendo contra aquellos que han dado tanto por él. Y a las que también se les han dado muchas oportunidades, porque Abascal ha estado 20 años viviendo del PP. Es lo que decía anteriormente del transfuguismo que estamos viendo estos días…

P. ¿Garrido es un tránsfuga?

R. No lo quiero personalizar en ninguna persona, pero claramente la apelación a que alguien abandone un partido para que se vaya a otro tiene un nombre: transfuguismo. Los que incitan al transfuguismo hacen una política de luces cortas y de vuelo muy raso. Lo valorarán los electores. Cuando has estado 20 años yendo en listas del PP, presidiendo fundaciones y entidades que ahora llamas «chiringuitos» [por Abascal], pues uno tiene que ser coherente. Yo me puedo mirar al espejo sin avergonzarme. Y hay muchas personas por las que me está preguntando hoy que quizá al mirarse al espejo no se reconocen. O se sonrojan.

P. Si ahora el PP es un partido «sin complejos», ¿qué complejos tenía antes y se ha sacudido?

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R. El PP es ahora un partido sin complejos, sobre todo, en tres aspectos. El económico: somos liberales muy nítidos. No es una ruptura con lo anterior, pero vamos a devolver 16.000 millones de euros a los contribuyentes. El segundo es que somos antinacionalistas y no vamos a tener ningún tipo de diálogo con los independentistas ni con el PNV. No hay nada que dialogar con el PNV si sigue en esta deriva y sigue pidiendo transferencias de competencias. Al revés, debe haber una mayor presencia del Estado para fomentar la vertebración. Y el tercer punto en el que no tenemos complejos es la corrupción: yo no voy a tolerar ningún comportamiento corrupto.

P. Con todo este cambio, ¿su objetivo final es que Vox se integre de nuevo en el PP?

R. Mi objetivo final es refundar el centroderecha absorbiendo a Vox y a Cs. Ahora no es realista, no se puede hacer. Sólo podremos unir España en torno al PP. Por trayectoria, por cuadros, por balance de gestión. Y, ahora, por un liderazgo de un equipo emanado de las primarias que no lo tienen ni Cs ni Vox, que han hecho todos los procesos internos con pucherazos, en el caso de Cs, o digitalmente en Vox.

P. ¿Qué proyecto les propone para esa refundación?

R. Una bajada muy fuerte de impuestos, una garantía de creación de medio millón de empleos al año, una defensa de la familia y la maternidad y la educación, una reforma de la Administración, una apuesta por la seguridad sin complejos: contra la inmigración [no ordenada], contra la okupación, la prisión permanente revisable, la reforma de la Justicia, la sostenibilidad de la sanidad, de la dependencia, de las pensiones… En definitiva, un plan de choque para evitar una nueva recesión en España que es a lo que nos está llevando Sánchez.

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P. Económicamente, ¿ha roto el PP liberal de Casado con el PP pragmático de Rajoy?

R. No, la bajada de impuestos de 2015 fue positiva y las reformas de las pensiones y el mercado laboral, también, aunque profundizaremos en esa reforma. Pero en el ADN del PP está bajar impuestos y nosotros bajaremos 705 euros por contribuyente, frente a la subida de 1.000 euros de Sánchez. Y también queremos potenciar los sistemas de ahorro que complementen la jubilación y la mochila austriaca.

P. Volviendo a Cataluña, el 155 debe ir por detrás de los hechos. ¿Qué hechos delictivos se han producido como para aplicarlo ya?

R. Órdenes ilegales a los Mossos, propaganda subvencionada con fondos públicos, apertura de Diplocat, creación del Consejo de la República, kale borroka institucionalizada, malversación de fondos públicos para la rebelión y la sedición, régimen carcelario a la carta… ¿Sigo?

P. ¿Qué le parece que Puigdemont sea candidato en las europeas y que a la vez en España los presos estén dando ruedas de prensa?

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R. Puedo anunciar que nosotros vamos a recurrir la candidatura de Puigdemont al Parlamento Europeo. No es residente en España y, por tanto, hay un fraude de ley. Lo llevaremos a la instancia electoral oportuna y si no, ante la Justicia.

Puigdemont no sólo no va a poder recoger el acta en Madrid,ya que en cuanto pise España será llevado ante la Justicia, sino que, además, no podrá concurrir.

P. ¿Cómo ha vivido el acoso a algunos candidatos de su partido o de otros en Cataluña o el País Vasco?

R. Lo que se juega en estas elecciones es la libertad en todos los sentidos. La libertad económica por una subida masiva de impuestos, la libertad a tener un Estado de Bienestar que no quiebre por tercera vez con la izquierda… pero, sobre todo, la libertad de poder ir por la calle sin que te escracheen. El problema es que ahora mismo los enemigos de la libertad nunca había mandado tanto en España. Nunca antes los enemigos de España, los totalitarios, los xenófobos, los supremacistas habían sido tan determinantes en un Gobierno. Y eso es culpa de Sánchez. Es el caballo de Troya de los que quieren destruir la democracia desde dentro: los comunistas de Podemos, los independentistas de ERC y Junts per Catalunya y los proetarras de Bildu. A un caballo de Troya tan peligroso tenemos que cerrarle las puertas y esas puertas se le cierran votando el 28 de abril.

P. Aznar ha dicho que el domingo nos jugamos el modelo de Estado. ¿Eso no es un poco exagerado?

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R. ¡Yo creo que es muy comedido! Si Sánchez gana, España dejará de ser lo que es, y eso suena a una declaración muy grandilocuente, pero es verdad. ¿España qué es? Un sistema constitucional, autonómico y una nación unida. Si Sánchez gana, va a haber una consulta de independencia.

P. ¿Qué cree que ocurriría si Bildu influyese en una hipotética investidura de Sánchez?

R. Ya lo estamos viendo: trasladar a los presos etarras a las cárceles del País Vasco, negociar la salida de la Guardia Civil de Navarra y cuestiones tan ignominiosas como apoyar la ley contra los abusos policiales en un debate en el que Bildu llamó «nazis» a los policías. El PSOE sí va a permitir la votación de la anexión de Navarra y, además, tiene un problema, según la disposición cuarta de la constitución se puede hacer, dentro de la legalidad. Por eso yo quiero tipificar en el Código Penal la convocatoria ilegal del referéndum.

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Dimisión forzada del máximo mando operativo de la Policía tras una querella por agresión sexual

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En noviembre de 2024, Marlaska dejó sin efecto su jubilación al cumplir 65 años para que continuara en el cargo de por vida.

El director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, el comisario principal José Ángel González, ha renunciado a su cargo después de que un juzgado de Madrid haya admitido a trámite una querella que lo sitúa como investigado por un presunto delito de agresión sexual contra una subordinada, además de coacciones, lesiones psíquicas y malversación de caudales públicos. La decisión judicial ha precipitado una salida que ya no podía sostenerse desde el punto de vista institucional, dada la extrema gravedad de los hechos denunciados y la posición de poder del investigado dentro del cuerpo.

La citación judicial está fijada para el próximo 17 de marzo, cuando el juez escuchará tanto a González como a la agente denunciante. La mera admisión de la querella —no una condena— resulta, sin embargo, incompatible con la permanencia en el cargo de quien ha sido durante años el máximo responsable operativo de la Policía Nacional, con capacidad directa de mando y decisión sobre miles de agentes.

Una acusación que apunta a abuso de poder institucional

Según el escrito judicial, la denunciante mantuvo en el pasado una relación afectiva con el DAO que derivó en una supuesta dinámica de abuso de poder, marcada por una asimetría jerárquica extrema. La querella sostiene que la agente se vio incapaz de poner fin a la relación pese a su voluntad expresa, debido al control ejercido por su superior, lo que introduce un elemento especialmente perturbador para cualquier organización jerarquizada como es la Policía Nacional.

Los hechos denunciados se sitúan el 23 de abril de 2025, cuando la agente se encontraba de servicio en la comisaría de Coslada. Según la querella, González habría utilizado su autoridad para ordenar a la funcionaria abandonar su puesto y desplazarse en un vehículo policial camuflado para reunirse con él. Tras un encuentro casual con otro comisario, ambos se trasladaron a la vivienda oficial del DAO, donde, siempre según la acusación, se produjo un acercamiento sexual reiteradamente rechazado por la denunciante.

El relato judicial describe una conducta persistente pese a las negativas, caracterizada por violencia física e intimidación ambiental. La agente habría logrado abandonar finalmente el domicilio y regresar a la comisaría para devolver el vehículo oficial, antes de dirigirse a su casa. Posteriormente, la querella habla de una cadena de acoso telefónico, manipulación psicológica e intentos de ofrecer compensaciones laborales para evitar la denuncia, un extremo que, de confirmarse, dibujaría un escenario de utilización del poder público con fines estrictamente personales.

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El papel del ministro Marlaska y una protección política cuestionada

José Ángel González ocupaba el cargo de DAO desde 2018, cuando fue nombrado por el ministro del Interior, Fernando Grande‑Marlaska. Durante estos años se consolidó como una figura clave dentro del aparato policial y de seguridad del Estado, participando en órganos de alto nivel como el CECOR y el Comité de Gestión Técnica del Coronavirus. Su cercanía al director general de la Policía, Francisco Pardo Piqueras, y al propio ministro reforzó una posición de poder prácticamente incontestable.

Especialmente controvertida fue la decisión adoptada en noviembre de 2024 por Grande‑Marlaska de dejar sin efecto la jubilación obligatoria del DAO al cumplir 65 años, recurriendo a una modificación legal ad hoc para permitir su continuidad indefinida. Aquella maniobra fue duramente cuestionada por la oposición y por sectores del propio cuerpo policial, que alertaron del precedente que suponía blindar políticamente a un alto mando de forma tan explícita.

La admisión a trámite de la querella ha terminado por hacer insostenible esa protección. La presión institucional y mediática, unida a las reacciones políticas posteriores, ha forzado una dimisión que llega tarde para muchos y que vuelve a colocar el foco no solo sobre el investigado, sino sobre las responsabilidades políticas de quienes lo mantuvieron en el cargo hasta el último momento.

Una crisis de credibilidad para Interior y la Policía

Cuando el máximo mando operativo se ve envuelto en una investigación por presunta agresión sexual a una subordinada, la respuesta política no puede limitarse a una dimisión forzada por los acontecimientos. El caso expone con crudeza los riesgos de concentrar poder, prolongar mandatos de forma excepcional y confundir lealtad política con control institucional. Y plantea una pregunta incómoda pero inevitable: quién supervisa a quienes mandan cuando el sistema decide mirar hacia otro lado.

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