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Sociedad

Marta Sánchez, obligada a suspender un concierto en Badalona después de que le lanzasen huevos

Redacción

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Marta Sánchez, durante su actuación
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A huevazos en una noche que, lo que son las cosas, reivindicada el respeto y la tolerancia. Así fue recibida anoche en Badalona la cantante Marta Sánchez, cuyo concierto de anoche en la ciudad tuvo que ser suspendido después de que algunas personas del público lanzaran huevos contra la artista. Según explica el Ayuntamiento, la noche había transcurrido sin incidentes hasta que le llegó el turno a Marta Sánchez quien, justo después de terminar su primera canción, vio como varios huevos lanzados desde el público explotaban a su lado.

Acto seguido, la cantante y los discjockeys que la acompañaban bajaron del escenario. «Pues vale, me voy», se le oye decir a Sánchez en uno de los vídeos que captaron el momento. Pocos minutos después la actuación, realizada en Parque del Centenario el marco de las Fiestas de Mayo de Badalona y coincidiendo con el Día Mundial contra la Homofobia, fue suspendida por el consistorio por motivos de seguridad.

El alcalde de Badalona, Álex Pastor (PSC), ha condenado los hechos y los ha tachado de vergonzosos. «Acabamos de vivir una vergüenza al concierto contra la LGTBIfòbia. Todo iba genial hasta que algunos indeseables han lanzado huevos poniendo en peligro a los artistas. La intolerancia y los extremismos de algunos retrógrados es justamente lo que tenemos que combatir», ha escrito el alcalde en un tuit.

Por su parte, el candidato del PP a la alcaldía, Xavier García Albiol, ha apuntado que detrás del incidente podrían estar las juventudes de la CUP. «Me parece inadmisible lo ocurrido ayer en Badalona. No recuerdo en la ciudad haber vivido un espectáculo igual. Si se confirma que han sido miembros de las juventudes de la CUP, el PSC debería reflexionar, una vez más, sobre quien «regaló «la alcaldía de Badalona en 2015», ha señalado Albiol también en un apunte de Twitter.

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También la exalcaldesa Dolors Sabater, al frente de una coalición de la que también forma parte la CUP, ha lamentado los hechos. «Muy triste y lamentable que la intolerancia haga acto de presencia y precisamente en un acto que es para promover la sensibilización y reivindicación contra la #LGTBI fòbia», ha escrito Sabater.

 

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España

Dimisión forzada del máximo mando operativo de la Policía tras una querella por agresión sexual

Redacción

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En noviembre de 2024, Marlaska dejó sin efecto su jubilación al cumplir 65 años para que continuara en el cargo de por vida.

El director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, el comisario principal José Ángel González, ha renunciado a su cargo después de que un juzgado de Madrid haya admitido a trámite una querella que lo sitúa como investigado por un presunto delito de agresión sexual contra una subordinada, además de coacciones, lesiones psíquicas y malversación de caudales públicos. La decisión judicial ha precipitado una salida que ya no podía sostenerse desde el punto de vista institucional, dada la extrema gravedad de los hechos denunciados y la posición de poder del investigado dentro del cuerpo.

La citación judicial está fijada para el próximo 17 de marzo, cuando el juez escuchará tanto a González como a la agente denunciante. La mera admisión de la querella —no una condena— resulta, sin embargo, incompatible con la permanencia en el cargo de quien ha sido durante años el máximo responsable operativo de la Policía Nacional, con capacidad directa de mando y decisión sobre miles de agentes.

Una acusación que apunta a abuso de poder institucional

Según el escrito judicial, la denunciante mantuvo en el pasado una relación afectiva con el DAO que derivó en una supuesta dinámica de abuso de poder, marcada por una asimetría jerárquica extrema. La querella sostiene que la agente se vio incapaz de poner fin a la relación pese a su voluntad expresa, debido al control ejercido por su superior, lo que introduce un elemento especialmente perturbador para cualquier organización jerarquizada como es la Policía Nacional.

Los hechos denunciados se sitúan el 23 de abril de 2025, cuando la agente se encontraba de servicio en la comisaría de Coslada. Según la querella, González habría utilizado su autoridad para ordenar a la funcionaria abandonar su puesto y desplazarse en un vehículo policial camuflado para reunirse con él. Tras un encuentro casual con otro comisario, ambos se trasladaron a la vivienda oficial del DAO, donde, siempre según la acusación, se produjo un acercamiento sexual reiteradamente rechazado por la denunciante.

El relato judicial describe una conducta persistente pese a las negativas, caracterizada por violencia física e intimidación ambiental. La agente habría logrado abandonar finalmente el domicilio y regresar a la comisaría para devolver el vehículo oficial, antes de dirigirse a su casa. Posteriormente, la querella habla de una cadena de acoso telefónico, manipulación psicológica e intentos de ofrecer compensaciones laborales para evitar la denuncia, un extremo que, de confirmarse, dibujaría un escenario de utilización del poder público con fines estrictamente personales.

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El papel del ministro Marlaska y una protección política cuestionada

José Ángel González ocupaba el cargo de DAO desde 2018, cuando fue nombrado por el ministro del Interior, Fernando Grande‑Marlaska. Durante estos años se consolidó como una figura clave dentro del aparato policial y de seguridad del Estado, participando en órganos de alto nivel como el CECOR y el Comité de Gestión Técnica del Coronavirus. Su cercanía al director general de la Policía, Francisco Pardo Piqueras, y al propio ministro reforzó una posición de poder prácticamente incontestable.

Especialmente controvertida fue la decisión adoptada en noviembre de 2024 por Grande‑Marlaska de dejar sin efecto la jubilación obligatoria del DAO al cumplir 65 años, recurriendo a una modificación legal ad hoc para permitir su continuidad indefinida. Aquella maniobra fue duramente cuestionada por la oposición y por sectores del propio cuerpo policial, que alertaron del precedente que suponía blindar políticamente a un alto mando de forma tan explícita.

La admisión a trámite de la querella ha terminado por hacer insostenible esa protección. La presión institucional y mediática, unida a las reacciones políticas posteriores, ha forzado una dimisión que llega tarde para muchos y que vuelve a colocar el foco no solo sobre el investigado, sino sobre las responsabilidades políticas de quienes lo mantuvieron en el cargo hasta el último momento.

Una crisis de credibilidad para Interior y la Policía

Cuando el máximo mando operativo se ve envuelto en una investigación por presunta agresión sexual a una subordinada, la respuesta política no puede limitarse a una dimisión forzada por los acontecimientos. El caso expone con crudeza los riesgos de concentrar poder, prolongar mandatos de forma excepcional y confundir lealtad política con control institucional. Y plantea una pregunta incómoda pero inevitable: quién supervisa a quienes mandan cuando el sistema decide mirar hacia otro lado.

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