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Sociedad

Lección de dignidad de Isabel Díaz Ayuso a progres y feministas: sin pañuelo y con las mangas remangadas en la final de la Supercopa en Arabia

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Isaben Díaz Ayuso, en el podio de la Supercopa de España junto a las autoridades.
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Si es grave que cualquier persona tenga en forma hemipléjica dos discursos sobre un mismo tema, desnudando su falta de principios firmes, más grave es que ello acontezca con las feministas radicales de género que suelen alardear de sus convicciones.

Las diputadas feministas del PSOE y de Podemos no pusieron objeciones a «las condiciones protocolarias para las mujeres» impuestas por una delegación de Irán entre las que se incluían «que las mujeres que asistan no podrán estrechar la mano de los representantes de Irán, sino solamente mirarles, pero de lejos». La Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso aceptó las condiciones de la delegación iraní.

Es lo que también sucedió con la visita que una delegación del gobierno de Suecia, compuesta por cuatro ministras,realizó a Irán. Porque para reunirse con el presidente de ese país se presentaron en forma muy obediente y dócil con su cabeza cubierta, como exige dicho país en donde el Estado y la religión islámica son una unidad.

Ministras feministas suecas durante una recepción en Teherán.

Ministras feministas suecas durante una recepción en Teherán.

Afortunadamente, ha tenido que ser una mujer consevadora la que dé a las feministas un golpe de autoridad moral  y ponga las cosas en su sitio en nombre del más estricto sentido de la dignidad humana.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, asistió este domingo a la final de la Supercopa de España, disputada entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid en el estadio King Abdullad de Yeda, en Arabia Saudí, sin cubrirse con el tradicional hiyab (velo), ni ocultar su cabello con un pañuelo, lo que fue interpretado como un gesto en favor de la igualdad en el país árabe. Díaz Ayuso, que no se cubrió ni en el palco de autoridades ni en el campo (durante la entrega del trofeo y las medallas), llevaba incluso las mangas de su vestido un poco remangadas.

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La propia presidenta madrileña indicó tras el partido, a través de su cuenta de Twitter, que fue “un orgullo presenciar cómo Arabia Saudí da pasos para la igualdad”, en referencia a que esta Supercopa ha sido la primera vez en que las mujeres han compartido espacio con los hombres en un estadio de fútbol en Arabia Saudí. “Final histórica de la #Supercopa2020 donde Madrid y España vuelven a ganar y demostrar la calidad de nuestro deporte a nivel mundial”, añadió.

La megaprogre Ana Pastor con el velo puesto durante su intensa entrevista con el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad

El gesto de Ayuso fue alabado tanto por compañeros de partido de la presidenta autonómica como por otros políticos. “Melena al viento, brazos al aire y compartiendo protagonismo en el medio del campo. Miles de mujeres obligadas a llevar velo, y miles de hombres que las obligan a cubrirse, viéndolo. Buen trabajo, @IdiazAyuso”, escribió en Twitter la consejera de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid, Marta Rivera, de Ciudadanos.

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, afirmó por su parte que “esta noche @IdiazAyuso ha hecho más por los derechos y libertades de las mujeres que el feminismo de las bonitas y de los bonitos. Enorme”, y el exdiputado y exportavoz de Ciudadanos en el Congreso Juan Carlos Girauta indicó: “Feminismo es lo que ha hecho hoy @IdiazAyuso”

Antes de la celebración del partido, Díaz Ayuso ya había asegurado que la celebración de la Supercopa de España en Arabia Saudí era un acontecimiento “histórico”.

Esta vez no hubo restricciones en el estadio para las mujeres, tal y como sucede aún en la mayoría de las situaciones de la vida cotidiana. En los restaurantes, en gran parte todavía, o en los bancos, se dividen. Hombres y mujeres son atendidos en mostradores distintos, mesas distintas, habitáculos distintos. No pueden compartir gimnasio, ni acudir juntos a la piscina. Ni siquiera en los hoteles de lujo.

Resulta singularmente llamativo el silencio sospechoso que mantiene la mayoría de nuestras feministas, de ordinario bastante activas en lo tocante a la salvaguardia de sus derechos adquiridos o la exigencia de otros nuevos, ante la preocupante situación que viven las mujeres en muchos países.

El movimiento feminista occidental, que se declara inequívocamente progresista, ¿no ve en la condición de la mujer en estos países motivo alguno de protesta y movilización? ¿O le parece aceptable ese estado de cosas? ¿Cuales son las razones de esta indiferencia? ¿A qué se debe ese clamoroso silencio en tan vital cuestión? El abuso y la discriminación islámicos contra la mujer ya no es una cuestión lejana, un problema exótico, sino que ya irrumpido con su cortejo de lacras injusticias en nuestras sociedades.

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Son tan pocas las voces que se hacen oír desde ese lado, tradicionalmente ruidoso por otra parte, que hemos de pensar que a estas histéricas feministas (ahora afónicas), otrora combativas, reivindicativas y vigilantes ante la defensa de sus intereses, les trae sin cuidado el peligro que significan muchos países para las conquistas sociales y políticas conseguidas por y para la mujer en Occidente. O tal vez el miedo las paraliza a la hora de enfrentarse al enemigo número uno de la igualdad de los sexos, al campeón de la discriminación y el sometimiento de la mujer. O simplemente su odio a Occidente, su desapego a la cultura europea, su rechazo de los valores de nuestra civilización, pesan más que cualquier otra consideración y prefieren dar por buena toda la degradación que aportan algunas sociedades a la condición femenina a cambio de la destrucción de lo que más aborrecen: Europa, su historia, su identidad, su cultura.

Sean cuales sean los motivos de la generalizada mansedumbre de las feministas, la verdad es que esta dimisión en la defensa de sus privilegios (que no son patrimonio de la humanidad, sino únicamente de Occidente) se parece mucho a un suicidio, a una muerte consentida, cuanto menos a una rendición o peor aún, a una traición, y pone al descubierto la falsedad e hipocresía del feminismo y sus seguidoras.

El silencio es absoluto, o casi. Hay que reconocer que no solamente se trata de la deserción de las feministas en un terreno que es el propio de su lucha declamada. Es la sociedad entera, hombres, mujeres, feministas o no, que mira para otro lado y finge no enterarse de lo que pasa. En esa gran cobardía colectiva no cabe actuación verdadera contra los desafíos reales.

Los grandes problemas son el calentamiento global, la obesidad mórbida, la masa corporal de las modelos, la plaga del mejillón-cebra… No negamos que estos asuntos y otros muchos constituyan otros tantos problemas que requieren atención, lo que decimos es que estas cuestiones menores son utilizadas como cortinas de humo para desviar la atención de aquello que realmente cuenta. Cuando el barco se hunde, lo que menos importa es un baño atascado o las cortinas sucias de un camarote.

Felicidades, pues, a la presidenta de la Comunidad de Madrid por la lección de dignidad dada a las feministas radicales y a la izquierda fraudulenta. Ninguna de sus representantes habría tenido el cuajo ni el compromiso ético con las mujeres que acreditó Isabel Díaz Ayuso, ante las cámaras de todo el mundo, en un país donde hay mujeres que valen lo mismo que un par de camellos.

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Internacional

Las leyes de “igualdad de género” y el feminismo MATAN

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La directora del operativo en el que intentaron asesinar a Donald Trump no autorizó sobre la marcha el permiso de neutralizar al atacante, y las 3 agentes mujeres del Servicio Secreto fueron incapaces siquiera de cubrir al líder republicano en su huída y protección.

El Senado abrirá una investigación y casi con total seguridad tanto la Directora como las agentes citadas serán cesadas del cuerpo presidencial.

Permitidme insistir, pero esta imagen subraya las políticas de género:

Suenan los disparos.

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Una agente del Servicio Secreto, instintivamente, se esconde detrás de Donald Trump.

Un agente varón, instintivamente, se abalanza sobre él para protegerle con su propio cuerpo.

La culpa no es de ella; la engañaron haciéndola pensar que era igual de buena para el puesto, pese a que las pruebas físicas y psíquicas fueron menores que con los hombres.

A trabajo físico y psíquico, igualdad de pruebas físicas y psíquicas.

La ideología de género es un atentado contra la igualdad, y debemos aplastarla.

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– Alvise Pérez

Que quede clara una cosa: mientras uno de los espectadores, bombero, marido y padre, se arrojaba sobre los cuerpos de su familia para protegerla, la incalificable inútil del servicio secreto, que accedió por cuota de género, adoptaba la posición del caganer. Gracias a que, en lugar de hacer lo que sus compañeros hombres, que es proteger con su cuerpo el de Donald Trump, se apartó de la línea de fuego, el espectador que protegía a su familia murió. 

 

Pero eso sí, esa estúpida va a ser expulsada de manera deshonrosa del servicio secreto. De la misma manera que lo sería un hombre. ¿Justo, no, Montero? 

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