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Grave escándalo del que NO podrá enterarse en los grandes medios informativos: Agentes del FBI de Biden entraron ilegalmente a la oficina de un diputado republicano y trumpista

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Agentes de la Policía del Capitolio, vinculados al FBI, fueron agarrados espiando ilegalmente al diputado Troy Nehls, vocal crítico de su accionar el día de las protestas del 6 de enero.

  El diputado republicano Troy Nehls, uno de los más acérrimos defensores del ex presidente Trump, sufrió una absoluta violación de sus derechos, cuando agentes de la Policía del Capitolio entraron a su oficina mientras él no estaba, le sacaron fotos a documentos personales suyos, y salieron corriendo cuando el legislador de Texas los descubrió.

Nehls es uno de los tantos diputados trumpistas que están siendo investigados por la Comisión del 6 de Enero, que está desarrollando un documento oficial sobre lo ocurrido en esa fecha del 2021, cuando miles de simpatizantes de Trump entraron al Capitolio y frenar momentáneamente la certificación de los electores fraudulentos que debían elegir a Joe Biden como presidente.

La Comisión no es parte ni del Poder Judicial ni del Poder Ejecutivo, por lo que no tiene la potestad de ordenar una investigación de ningún ciudadano estadounidense. Sin embargo, la Policía del Capitolio ha ganado mucho poder en el primer año de Biden.

Troy Nehls, ex sheriff de Texas y actual diputado republicano.

En una colaboración con el FBI que Biden aprobó por decreto, la Policía del Capitolio pasó a tener alcance federal. Hasta el año anterior, había estado restringida a operar en las inmediaciones del Congreso, pero ahora tiene a su disposicion agentes del FBI que envía a misiones en todo el país para investigar a los supuestos organizadores de la protesta del 6 de enero.

Estos tres agentes, según pudo saber Nehls, entraron al Capitolio disfrazados de obreros, y bajo la excusa de que tenían que hacer un arreglo dentro de la oficina del diputado. Así, lograron que su secretaria les abriera la puerta, e inmediatamente se pusieron a sacar fotos.

Cuando Nehls volvió a su despacho, los agarró in situ y éstos salieron fugazmente del lugar. Rápidamente, el legislador llevó la situación a Thomas Manger, director de la Policía del Capitolio, quien le aseguró que no estaba enterado de la situación y le prometió que abriría una investigación para encontrar a los responsables, pero hasta ahora no han habido novedades.

Dos días después, volvieron los agentes a los pasillos del Congreso e interrogaron a uno de sus asesores que interceptaron saliendo del despacho. Según declaró, lo empujaron contra una pared y le preguntaron sobre los documentos a los que le habían sacado fotos. Pero no respondió y ni bien pudo salió corriendo.

El hecho ocurrió en noviembre del año pasado, en plena semana de Acción de Gracias. En un primer momento, Nehls decidió no contar públicamente lo sucedido ya que Manger le había prometido que investigaría pero que debía mantenerlo en secreto. Pero tras dos meses sin novedades, decidió hacerlo público.

Nehls culpa a Pelosi

Quien lanzó la Comisión y quien le pidió a Biden que federalizara la Policía del Capitolio fue Nancy Pelosi, líder del Partido Demócrata y actual Presidente de la Cámara de Diputados.

Pelosi ha ganado un enorme poder en este último año aprovechando la nula capacidad de liderazgo de Biden. Se ha hecho del control total del Poder Legislativo. En presidencias anteriores, el mandatario del país y el presidente de la Cámara, incluso siendo del mismo partido, chocan por tener objetivos distintos. Ahora, Biden le dice todo que sí, y no hay contrapesos.

Según reveló Nehls, las fotos que tomaron los agentes eran de una primera versión de un proyecto de ley que iba a presentar para otorgarle chalecos antibalas a las policías locales de los distintos estados.

Pelosi, fuerte opositora a esta ley, ha hecho todo lo posible para evitar que entre en el recinto, y esta acción de la Policía del Capitolio / FBI es una demostración perfecta de hasta dónde están dispuestos a llegar los demócratas para alcanzar sus objetivos políticos.

Aunque Nehls tiene otra explicación: “Enviaron a estos agentes a intimidarme porque he sido un fuerte crítico de Pelosi, el Comité del 6 de Enero y de las acciones de la Policía del Capitolio ese día, cuando mataron a Ashli Babbitt [una simpatizante de Trump que no estaba armada y fue acribillada a sangre fría] y su subsiguiente investigación fingida”.

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Pánico total en los sindicatos. Por Jesús Salamanca Alonso

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«Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, …»

Dos insignes sindicalistas vallisoletanos me confiesan que los sindicatos mal llamados «obreros» han entrado en pánico ante futuros gobiernos de VOX y de la «derechita cobarde», que se ha tenido que amoldar al acuerdo para formar gobierno regional. Ya sucedió en Castilla y León la legislatura pasada hasta que la insigne derecha de VOX se rasgó las vestiduras, pero se dio un paso importante de legislatura como fue eliminar las subvenciones multimillonarias que recibían los sindicatos «comegambas» o «rebaña-ostras».

Aquel paso, que llevaba tiempo reclamando la ciudadanía, tuvo una vergonzosa retrocesión por parte del PP al verse desamparado, acobardado y sin apoyos, pero quedó patente que los ciudadanos exigen que ese paso se dé de forma permanente. Y ahora se debe hacer; los sindicatos clasistas de la izquierda ventajosa y fomentadora de odio y desigualdad no han hecho nada importante para ser mantenidos por papá Estado a toda costa y a lo grande. Hasta la ministra, Yolanda “Varufakis” Díaz o Yoli «cohete», alias «Tucán», ha hecho el más burdo ridículo con las subvenciones sindicales. Lo raro es que no los haya traicionado, que es su especialidad, aunque nunca es tarde. Está apartada del Consejo de ministros desde que se marchó a la entrega de los Óscar. Cada día despierta más desprecio y menos simpatías. Doy fe.

En los últimos siete años de izquierda presuntamente (y sin presunta) corrompida con apoyos golpistas, comunistas, independentistas y terroristas ha habido infinidad de motivos para convocar huelgas sectoriales y hasta generales, pero el dúo «comegambas» practica el famoso «do ut des». En pocas palabras: dame pan, llámame perro y lléname la faltriquera. ¡Manda huevos! Bien es verdad que han perdido la calle, se han hecho casta, incluso se creen con derecho de pernada con los trabajadores y hoy corren el riesgo de que se les echen encima esos trabajadores responsables, honrados y que no viven de un mundo subvencionado ni duermen hasta las doce de la mañana por estar liberados. Las movilizaciones contra esos sindicatos no se harán esperar y conocerán la horma de su zapato. Al tiempo.

Hay sindicatos sectoriales que no reciben ni un euro, ¿por qué estos vividores sí las reciben? Nunca serán respetados mientras no se hagan cargo de las nóminas de sus propios liberados, ¿qué es eso de que sean las empresas quienes sigan pagándolos si no producen? ¿Qué es eso de que Yolanda y los dos sindicatos más denostados socialmente decidan las subidas salariales sin contar con la patronal? No estaría de más que alguna vez pagaran ellos con el dinero público que reciben. Ellos invitan y el Estado paga con dinero público. ¡Cuánta indignidad y descontrol tienen y cuánta acumulan cada día! ¡Joder, qué tropa!, repetiría incesante don Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones.

Este modelo sindical ya no sirve, nadie cree en ellos, son la mofa y el hazmerreír permanente y, cuando salen en TV los líderes de esas formaciones izquierdosas y ultra-izquierdosas, lo primero que se escucha en los bares, restaurantes y mesones es «¡ladrones!» y, además, se enfatiza, repite y contagia a los asistentes. Incluso calificativos, o descalificativos, muchos más gruesos. Y es que han hecho méritos para ello, llevan siete años holgando y presenciando la corrupción de varios miembros del Gobierno y aledaños, incluso viendo y comprobando como huye el galgo de Paiporta o se esconde, a la vez que miente o entorpece la acción judicial, el avestruz de Adamuz o cómo la UCO saca los colores a la «fontanera», «la Paqui», Ábalos, Koldo, Cerdán y demás parroquia, a veces amparados por las hojas parroquiales de izquierdas: las misma que acusan al juez Peinado de tener dos DNI o a Julio Iglesias en falso.

Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, el Ministerio de Transportes o la presidencia de las Cortes, por no añadir a Felisín Bolaños, Yolanda «Tucán» o Isabelita Rodríguez, más parada que un baile agarrado de los años setenta.

El gran logro sindical español se alcanzará cuando los sindicatos paguen la nómica de sus propios liberados y los gastos de mantenimiento del propio sindicato. Ese día llegará, doy fe de que llegará y tendrá el apoyo de los organismos europeos y de los propios trabajadores. Precisamente será el momento del nacimiento de la modernidad sindical en España y sospecho que Juanma Moreno será quien dé el primer paso junto con Castilla y León, que ya tiene práctica de ello.

Tras las elecciones andaluzas, y el futuro nuevo gobierno de Moreno, ha anunciado que revisará y recortará drásticamente las subvenciones públicas que reciben CC.OO. u UGT cada año. Hablamos de decenas de millones de euros que reciben esas formaciones y cuyo control deja mucho que desear. Ni siquiera sabemos si actúa el Tribunal de Cuentas al respecto ni cómo actúa. Lo del patrimonio sindical lo dedicaremos artículo aparte y en exclusiva.

Los líderes sindicales ya han salido en tromba y planean movilizaciones para seguir mangoneando y chupando del bote, aunque saben que no tienen apoyo de los trabajadores y menos de la ciudadanía en general, pero tranquilos, que llega el día grande de las gambas, el 1º de mayo.

Está claro que lo que proyectan esos sindicatos es «¡un ataque a los trabajadores!» y una amenaza a la Administración para seguir mangoneando y desprestigiándose, aunque ya no pueden desprestigiarse más.

Yo, como trabajador, sigo luchando para acabar con esos privilegios de señoritos y abusadores. Ni creo en ellos ni he creído nunca y jamás me han reportado nada. De ello, doy fe.

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