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España

Alfon, el terrorista de ultraizquierda que pensaba volar un banco con explosivos, ya está en libertad

Redacción

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Alfo y Rufián
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Alfonso Fernández Ortega, más conocido como «Alfon», de 28 años, ya está en libertad. Tratado como «héroe» de la causa «antifascista» por partidos como Podemos, IU e Izquierda Castellana, el brazo político de la Coordinadora 25-S, este «bukanero» fue condenado a cuatro años de prisión por tenencia de explosivos y dos años más, explican fuentes policiales, por agredir a dos policías en su barrio, Vallecas. Tras cumplir tres cuartas partes de la condena, ya está en la calle y reside en la provincia de Barcelona.

Recientemente, además, se ha encontrado en Cataluña con el portavoz adjunto de Esquerra Republicana en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián, quien publicó hace cinco días una foto con Alfon y el siguiente texto: «Aquí, con un amigo». El «tuit» es del 16 de marzo, sábado, a medianoche, jornada de la marcha independentista por Madrid. En la imagen, Rufián luce una chapa en favor de los políticos presos del «procés».

Fernández Ortega fue detenido a primera hora de la mañana del día de la huelga general del 14 de noviembre de 2012, en Vallecas. Portaba una mochila con explosivos que iba a colocar en un banco y que, según el informe del Tedax (ratificado por la sentencia del Tribunal Supremo), tenía capacidad de matar. Su perfil se acercaba al de un terrorista. De hecho, pasó 56 días en prisión preventiva con fichero FIES. Pese a ello, numerosos concejales de Ahora Madrid, sobre todo de Podemos, y el líder nacional de IU, Alberto Garzón, enaltecieron su figura.

Además, fue condenado a otros dos años de prisión por una agresión a dos policías nacionales en un control al vehículo en el que circulaba con parte de su familia. La ejecutoria de los seis años comenzó en junio de 2015 (tras ser arrestado cuando se escondía en la parroquia de San Carlos Borromeo, en Entrevías, y pese a las presiones de decenas de ultras que allí se atrincheraron); tras cumplir menos de los tres cuartos de la condena, ha salido de prisión.

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Su carrera delictiva comenzó cuando apenas tenía 17 años. El 13 de agosto de 2009, fue detenido en Cádiz tras insultos machistas a cuatro chicas («putas, lesbianas, mi hermana de 13 años es más mujer que vosotras»), robar un teléfono móvil y romper un sujetador a una de ellas, sobre la que se le impuso una orden de alejamiento. El 26 de abril de 2010, fue arrestado en Puerto de Almansa con metanfetaminas con las que pretendía traficar. Le cayeron dos años.El 19 de junio de 2012, tuvo el encontronazo con los policías en el control de Vallecas.

A finales de verano, pidió el traslado a una prisión catalana (vivió en Lloret de Mar), puesto que su pareja reside allí.

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España

Dimisión forzada del máximo mando operativo de la Policía tras una querella por agresión sexual

Redacción

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En noviembre de 2024, Marlaska dejó sin efecto su jubilación al cumplir 65 años para que continuara en el cargo de por vida.

El director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, el comisario principal José Ángel González, ha renunciado a su cargo después de que un juzgado de Madrid haya admitido a trámite una querella que lo sitúa como investigado por un presunto delito de agresión sexual contra una subordinada, además de coacciones, lesiones psíquicas y malversación de caudales públicos. La decisión judicial ha precipitado una salida que ya no podía sostenerse desde el punto de vista institucional, dada la extrema gravedad de los hechos denunciados y la posición de poder del investigado dentro del cuerpo.

La citación judicial está fijada para el próximo 17 de marzo, cuando el juez escuchará tanto a González como a la agente denunciante. La mera admisión de la querella —no una condena— resulta, sin embargo, incompatible con la permanencia en el cargo de quien ha sido durante años el máximo responsable operativo de la Policía Nacional, con capacidad directa de mando y decisión sobre miles de agentes.

Una acusación que apunta a abuso de poder institucional

Según el escrito judicial, la denunciante mantuvo en el pasado una relación afectiva con el DAO que derivó en una supuesta dinámica de abuso de poder, marcada por una asimetría jerárquica extrema. La querella sostiene que la agente se vio incapaz de poner fin a la relación pese a su voluntad expresa, debido al control ejercido por su superior, lo que introduce un elemento especialmente perturbador para cualquier organización jerarquizada como es la Policía Nacional.

Los hechos denunciados se sitúan el 23 de abril de 2025, cuando la agente se encontraba de servicio en la comisaría de Coslada. Según la querella, González habría utilizado su autoridad para ordenar a la funcionaria abandonar su puesto y desplazarse en un vehículo policial camuflado para reunirse con él. Tras un encuentro casual con otro comisario, ambos se trasladaron a la vivienda oficial del DAO, donde, siempre según la acusación, se produjo un acercamiento sexual reiteradamente rechazado por la denunciante.

El relato judicial describe una conducta persistente pese a las negativas, caracterizada por violencia física e intimidación ambiental. La agente habría logrado abandonar finalmente el domicilio y regresar a la comisaría para devolver el vehículo oficial, antes de dirigirse a su casa. Posteriormente, la querella habla de una cadena de acoso telefónico, manipulación psicológica e intentos de ofrecer compensaciones laborales para evitar la denuncia, un extremo que, de confirmarse, dibujaría un escenario de utilización del poder público con fines estrictamente personales.

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El papel del ministro Marlaska y una protección política cuestionada

José Ángel González ocupaba el cargo de DAO desde 2018, cuando fue nombrado por el ministro del Interior, Fernando Grande‑Marlaska. Durante estos años se consolidó como una figura clave dentro del aparato policial y de seguridad del Estado, participando en órganos de alto nivel como el CECOR y el Comité de Gestión Técnica del Coronavirus. Su cercanía al director general de la Policía, Francisco Pardo Piqueras, y al propio ministro reforzó una posición de poder prácticamente incontestable.

Especialmente controvertida fue la decisión adoptada en noviembre de 2024 por Grande‑Marlaska de dejar sin efecto la jubilación obligatoria del DAO al cumplir 65 años, recurriendo a una modificación legal ad hoc para permitir su continuidad indefinida. Aquella maniobra fue duramente cuestionada por la oposición y por sectores del propio cuerpo policial, que alertaron del precedente que suponía blindar políticamente a un alto mando de forma tan explícita.

La admisión a trámite de la querella ha terminado por hacer insostenible esa protección. La presión institucional y mediática, unida a las reacciones políticas posteriores, ha forzado una dimisión que llega tarde para muchos y que vuelve a colocar el foco no solo sobre el investigado, sino sobre las responsabilidades políticas de quienes lo mantuvieron en el cargo hasta el último momento.

Una crisis de credibilidad para Interior y la Policía

Cuando el máximo mando operativo se ve envuelto en una investigación por presunta agresión sexual a una subordinada, la respuesta política no puede limitarse a una dimisión forzada por los acontecimientos. El caso expone con crudeza los riesgos de concentrar poder, prolongar mandatos de forma excepcional y confundir lealtad política con control institucional. Y plantea una pregunta incómoda pero inevitable: quién supervisa a quienes mandan cuando el sistema decide mirar hacia otro lado.

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