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Europa

Los combatientes del Estado Islámico desaparecidos de Europa

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Por Soeren Kern.- El Gobierno alemán ha perdido la pista a numerosos alemanes que viajaron a Irak y Siria en los últimos años para unirse al Estado Islámico (EI). La revelación se produce entre los crecientes temores de que algunos de esos combatientes estén volviendo a Alemania sin ser detectados por las autoridades.

El Ministerio del Interior alemán, en respuesta a una pregunta de Linda Teuteberg, secretaria general del Partido Democrático Libre (FDP), de corte liberal clásico, reveló que las autoridades alemanas no tienen información sobre el paradero de al menos 160 alemanes que se marcharon para combatir con el EI, según Welt am Sonntag. El Ministerio dijo que, aunque seguramente algunos habían muerto en combate, otros se habían escondido y quizá estaban intentando restablecerse en Alemania.

“En vista de la muy fragmentada protección de las fronteras externas de la UE, es particularmente preocupante que el Gobierno federal parezca no haber tomado más medidas para impedir la reentrada incontrolada de combatientes del EI en la clandestinidad», dijo Teuteberg a Welt am Sonntag. Añadió que el Gobierno “sigue sin tener ninguna idea” sobre qué hacer con los antiguos combatientes del EI de Alemania, incluidos “los alemanes detenidos en la zona de guerra, así como los más de 200 antiguos seguidores del EI que ahora han vuelto a Alemania”.

Teuteberg dijo que el Ministerio del Interior debería dar con un plan para el tratamiento de los retornados del EI y cómo hacer que rindan cuentas, por ejemplo, reforzando la competencia legal para investigar y enjuiciar los crímenes de guerra en el extranjero.

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De los 1.050 alemanes que se calcula que viajaron a Irak y Siria para combatir en los últimos años, aproximadamente un tercio (350) ha vuelto a Alemania. Se cree que otros 220 han muerto en el campo de batalla. Según fuentes del Gobierno citadas por el programa de la televisión alemana “Tagesschau”, aproximadamente 120 están detenidos en Irak y Siria. Además, al menos 138 hijos de combatientes del EI alemanes están retenidos en Irak y Siria. Se desconoce el paradero de los demás.

El Gobierno alemán restó importancia a las inquietudes de Teuteberg respecto a que los combatientes del EI puedan volver a Alemania de forma desapercibida:

“Dadas las diferentes medidas (incluidas las listas de los más buscados o barreras fronterizas) que han dificultado considerablemente la reentrada incontrolada, también se supone que, en el futuro, la entrada sin el conocimiento de las fuerzas de seguridad alemanas debería seguir siendo la excepción”.

Sin embargo, se sabe que varios combatientes del EI han entrado en Europa —incluida Alemania— sin ser detectados, haciéndose pasar por inmigrantes: la mayoría de los terroristas que perpetraron los atentados yihadistas de noviembre de 2015 en París, donde murieron 130 personas y 360 resultaron heridas, entró en Europa haciéndose pasar por inmigrantes, según los investigadores antiterroristas. La mayoría de los atacantes son perfectamente conocidos por la policía y al menos 9 estaban en la lista de terroristas vigilados. Una vez que traspasaron la porosa frontera de la UE por el sur de Europa, pudieron viajar por el resto de Europa sin ser detectados.

Los combatientes del EI desaparecidos son un problema que afecta a toda Europa. Un estudio de julio de 2018 realizado por el International Center for the Study of Radicalization (ICSR), del King’s College de Londres, calculó que más de 5.900 personas —3.379 hombres, 1.023 mujeres y 1.502 menores— de Europa occidental se unieron al Estado Islámico. Otras 7.250 personas del este de Europa se unieron a la organización.

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Según los cálculos del ICSR, alrededor de 1.765 combatientes han vuelto a la Europa occidental, y 784 han vuelto a Europa del Este. Al menos 800 combatientes del EI están retenidos en centros de detención kurdos en el norte de Siria. En torno a 700 de las esposas de los combatientes y 1.500 de sus hijos también están en campos, según Reuters. Sigue sin saberse cuántos de los combatientes del EI no contabilizados han muerto en el campo de batalla y cuántos están escondidos.

En Austria, por ejemplo, de 250 combatientes del EI, han vuelto 93. En Bélgica, de los 500 combatientes del EI, han vuelto 123. En Gran Bretaña, de los 850 combatientes, han vuelto 425. En Dinamarca, de los 145 combatientes del EI, han vuelto 72. En Francia, de los 1.900 combatientes del EI, han vuelto 400. En Italia, de los 129 combatientes del EI, han vuelto 11. En los Países Bajos, de los 300 combatientes del EI, han vuelto 60. En España, de los 210 combatientes del EI, han vuelto 30.

En Suecia, de las 300 personas que se calcula que salieron del país para unirse al Estado Islámico, han vuelto aproximadamente 150, según el Servicio de Seguridad Sueco (Säpo). Se cree que en torno a 100 combatientes suecos han muerto en el campo de batalla; el Gobierno no tiene información sobre el paradero de los otros.

Entre 35 y 40 combatientes suecos del EI han vuelto a Estocolmo, pero el ayuntamiento no se ha puesto en contacto con ni uno solo de los retornados, y quizá ni siquiera sepa dónde vive ninguno de ellos, según una revelación de la televisión sueca, SVT, la cadena nacional pública.

La SVT sondeó a varios funcionarios de cinco ayuntamientos suecos —Gotemburgo, Estocolmo, Örebro, Malmö y Borås— donde vive la mayoría de los 150 retornados del EI, y descubrió que esos ayuntamientos, en conjunto, sólo tienen conocimiento del paradero de un máximo de 16 adultos y 10 niños.

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Esa aparente apatía se ha atribuido a la carencia legislativa de Suecia. “Somos casi el único país de la UE que no tiene leyes contra la participación en y cooperación con organizaciones terroristas”, dijo Magnus Ranstorp, experto antiterrorista de la Universidad de la Defensa de Suecia en Estocolmo. “Por supuesto que somos vulnerables —añadió—. Los que son peligrosos y andan por nuestras calles pueden reclutar a más, e incluso pueden planear actos terroristas”.

Entretanto, cientos de combatientes yihadistas extranjeros que están retenidos en Siria representan una “bomba de relojería” y podrían escapar y ser una amenaza para Occidente, a menos que los países hagan algo más por llevarlos de vuelta, según las autoridades encabezadas por los kurdos y respaldadas por EE. UU., y que los están reteniendo.

“Parece que la mayoría de los países han decidido que ya han terminado con ellos, que los van a dejar aquí, pero es un gran error”, dijo Abdulkarim Omar, de las Fuerzas Democráticas Sirias. “Sus países de origen deben hacer más para enjuiciar a los combatientes extranjeros y rehabilitar a sus familias, o si no, esto será un peligro y una bomba de relojería”.

En febrero de 2019, el presidente de EE. UU., Donald Trump, pidió a los países europeos que repatriaran y enjuiciaran a sus combatientes extranjeros:

Estados Unidos le está pidiendo a Gran Bretaña, Francia, Alemania y otros aliados europeos que se hagan con el control de 800 combatientes del ISIS que hemos capturado en Siria y los lleven a juicio. El califato está a punto de caer. La alternativa no es buena, en el sentido de que estaremos obligados a ponerlos en libertad…

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Estados Unidos no quiere ver cómo estos combatientes del ISIS se filtran a Europa, que es adonde se espera que vayan. Hacemos mucho y gastamos mucho. Es hora de que otros den el paso y hagan el trabajo para el que son tan capaces. ¡Estamos retrocediendo después de una victoria completa sobre el califato!

En abril, Trump tuiteó: “Tenemos 1.800 prisioneros del ISIS tomados como rehenes en nuestras batallas finales para destruir la totalidad del califato en Siria. Se está decidiendo ahora qué hacer con estos peligrosos prisioneros… Los países europeos no están ayudando nada, aunque esto se hizo en gran medida por su bien. Se están negando a aceptar de vuelta a los prisioneros desde sus países específicos. ¡Eso no está bien!”.

El 24 de junio, la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, pidió que todos los combatientes extranjeros detenidos en Siria e Irak sean repatriados, investigados y enjuiciados o puestos en libertad. “No es aceptable la continua detención de individuos no sospechosos de crímenes, a falta de una base legal y una revisión judicial independiente y regular”, dijo.

La renuencia de Europa a recuperar el control de sus combatientes del EI se basa en una mezcla de factores jurídicos, económicos y políticos. Algunos países empezaron a repatriar a los hijos de los yihadistas del EI caso por caso, pero aceptar de vuelta a los combatientes extranjeros y sus familias es profundamente impopular y comporta riesgos políticos.

En Francia, por ejemplo, el primer ministro, Édouard Philippe, dijo hace poco que prefería que los yihadistas franceses fuesen repatriados, en vez de arriesgarse a que eludan la justicia. Deberían “ser juzgados, condenados y castigados en Francia, en vez de que desaparezcan y vayan a su aire para planear otros actos, también contra nuestro país, otra vez”, dijo en una entrevista del 30 de enero con France Inter. Sus declaraciones desataron una inmediata indignación. Valérie Boyer, del partido centroderechista Les Républicains, dijo en el Parlamento que el Gobierno debía “impedir la vuelta de los yihadistas que han traicionado a Francia y combatido contra nuestra civilización”.

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Nicolas Bay, diputado de la Asamblea Nacional, y también miembro de la junta ejecutiva del partido de Marine Le Pen, Agrupación Nacional (RN), añadió:

“Los yihadistas franceses, por su compromiso con las organizaciones que han declarado la guerra a nuestro país, y habiendo cometido actos innobles en nuestro territorio; estos yihadistas han optado deliberadamente por romper con Francia y no hay ninguna justificación para concederles ninguna protección”.

En vez de prepararse para su vuelta, el Gobierno debería hacer todo lo posible por impedir que vuelvan a territorio francés. Deben ser juzgados por las autoridades sirias e iraquíes competentes.

Philippe dio después un giro de 180 grados. En una entrevista el 6 de marzo con BFM TV, dijo: “No vamos a traer de vuelta a nadie. La doctrina francesa ha sido siempre que los combatientes franceses que van a zonas de combate están luchando contra nosotros. Cuando sean detenidos, serán juzgados y, si es necesario, castigados allí mismo [en Irak o Siria]”.

El Wall Street Journal, en un reciente editorial: “El problema de Occidente con los combatientes extranjeros”, señaló que los gobiernos europeos se enfrentan a un callejón sin salida: o repatrian y enjuician a sus yihadistas, o se arriesgan a que desaparezcan del radar y perpetren nuevos atentados en Europa. Escribió el Journal:

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“En febrero, el presidente Trump tuiteó que EE. UU. está pidiéndole a Gran Bretaña, Francia, Alemania y otros aliados europeos que recuperen el control de sus combatientes del ISIS y los enjuicien en casa. Indonesia, Marruecos, Rusia y Sudán empezaron el proceso hace meses, pero los gobiernos europeos se siguen resistiendo”.

Plegados a la presión política doméstica, los políticos europeos, como el secretario del Interior británico, Sayid Yavid, se han comprometido a rechazar a los miembros del ISIS e incluso a despojarlos de su ciudadanía. Las autoridades alemanas y francesas también han expresado públicamente su escepticismo sobre aceptar a terroristas encarcelados. Los países que han criticado a EE. UU. por la Bahía de Guantánamo están ahora haciendo la vista gorda a la detención de sus ciudadanos en otras partes…

Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) han tratado a los detenidos con humanidad, pero no los pueden retener para siempre. En algún momento, a la organización no le quedará otra opción que dejar a los prisioneros, agravando mucho más una amenaza para la seguridad manejable. Estos combatientes curtidos en la batalla son especialmente peligrosos, por sus conocimientos prácticos y el respeto que podrían inspirar en los aspirantes a yihadistas.

Muchos combatientes puestos en libertad podrían infiltrarse en Irak, mezclarse con las poblaciones suníes simpatizantes y prepararse para un resurgimiento del ISIS. Otros podrían aprovechar los vacíos de seguridad en Libia o Somalia o provocar conflictos en otras regiones inestables. Quizá el mayor riesgo es que algunos volverán a Occidente entre los refugiados, sin ser detectados. Los países que dudan de recuperar a sus ciudadanos deberían darse cuenta de que podrían volver de todas formas, pero clandestinamente.

Fuente: Gatestone Institute

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España

Un homenaje a Ucrania desde la Memoria Española: 81 años de la última gran victoria del ejército español, por Francisco Torres García

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Francisco Torres García

 

Hace 81 años se libró en la entonces URSS, en los arrabales de la ciudad de Leningrado (San Petersburgo) la batalla de Krasny Bor. Un choque de tintes épicos entre la infantería española y el Ejército Rojo en los inicios de la Operación Estrella Polar, planificada por quien sería mariscal y cuatro veces héroe de la Unión Soviética, Gueorgui Konstantinovich Zhúkov. Considerado por la historiografía soviética y posterior como el mejor de los comandantes soviéticos en campaña, los soldados afirmaban: «Donde está Zhúkov, está la victoria».

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Con aquella, sin duda, pensaba añadir, a la que sería una brillante carrera militar, la liberación definitiva de la ciudad de Leningrado. La misma que había conseguido defender ante el asalto alemán en el otoño de 1941. Con una concatenación de ofensivas en los Frentes de Leningrado, Vóljov y Noroeste pretendía alcanzar un objetivo  muy ambicioso: acabar con el cerco a Leningrado, liberar Novgorod, embolsar al 18.º Ejército alemán y abrir el camino hasta la frontera de Estonia y Letonia. Todo ello tras haber desarticulado los soviéticos la Operación Nordlicht, el que iba a ser el asalto definitivo a la ciudad cuna de la Revolución dirigido por el mariscal Erich von Manstein.

La batalla defensiva que libró en Krasny Bor la División Española de Voluntarios, la División Azul, supuso, sin embargo, un revés para el plan de Zhúkov al impedir la ruptura del frente encomendada a unidades del 55.º Ejército; resistencia que contribuyó a la frustración de toda la Operación. Más allá de cualquier otra valoración hay que señalar que si los españoles se hubieran hundido la progresión soviética, que debía protagonizar la 45.ª División de la Guardia del general Krasnov, hubiera sido difícilmente contenible quebrando la línea de comunicación que permitía abastecer a las fuerzas alemanas.

Conviene insistir, como nota introductoria, en una realidad incuestionable que las circunstancias políticas de la última década, junto con algunos sectores de la historiografía, tienden a obviar, que, independientemente de su componente político y de su recluta, la División Española de Voluntarios, la División Azul, fue una unidad del Ejército español, constituida orgánicamente al efecto de realizar una misión específica (combatir al comunismo) y disuelta a la conclusión de la misma. Esta gran unidad consiguió, entre el 10 y el 11 de febrero, en lo que debemos denominar los combates de Krasny Bor, siguiendo al general Fontenla, una importante victoria en lo que fue una batalla defensiva al frustrar la intención enemiga y dislocar una ofensiva de amplios horizontes. No es exagerado, sino simple constatación de la realidad, que en Krasny Bor el ejército español alcanzó su última gran victoria en una gran acción bélica.

Más allá del desarrollo de los combates en aquellas 18 horas de lucha continua entre el 10 y el 11 de febrero, más allá del rosario de acciones heroicas que en aquellas momentos se dieron, avanzado el conocimiento real de los hechos (siendo fundamentales las aportaciones realizadas por Carlos Caballero), desbrozadas algunas interpretaciones herederas de las valoraciones personales de quienes combatieron, eliminados no pocos mitos que durante décadas prescindieron de los condicionantes tácticos y de la realidad de las fuerzas en presencia, vamos a tratar de precisar algunos aspectos, quizás aparentemente secundarios, sobre los condicionantes y las lecciones de aquel día.

La División Azul que consiguió aquella victoria no era la unidad que salió de España en julio de 1941 y que había combatido brillantemente en las orillas del Vóljov. En febrero de 1943 no eran muchos los divisionarios alistados en 1941 que permanecían en el frente, probablemente rondarían los 2.000. Tras agotar las listas de reserva, en marzo de 1942, el gobierno español decidió iniciar un nuevo periodo de recluta del que saldrían la mayor parte de los combatientes en la batalla.

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Entre abril y diciembre de 1942 llegaron al frente 14.124 hombres. A partir de mayo comenzaron a abandonar el frente los denominados Batallones de Repatriación. Más de 9.000 voluntarios regresaron a España hasta el último mes de aquel año; entorno a  2.000 no pudieron hacerlo y aguardaban la eternidad en un rosario de cementerios. En este proceso el general Muñoz Grandes chocó con el Ministerio del Ejército y su planteamiento de renovación/sustitución, inclinándose por mantener la vieja «amalgama napoleónica» distribuyendo a los que llegaban entre todas las unidades.

En febrero de 1943 la DEV era una unidad prácticamente renovada. Sobre aquellos voluntarios llegados caería la leyenda de una recluta forzada, alimentada por la paga, pletórica de republicanos y maleantes, con escasa moral de combate y menor voluntad de vencer, salida de los cuarteles, aunque casi 9.000 de los llegados a lo largo de 1942 se hubieran alistado desde los banderines abiertos en las milicias falangistas… Visión que compartía y ampliaba la propaganda soviética que mantendría de forma ortodoxa el PCE y se transmitiría, a través de sus vasos comunicantes, a parte de la reciente historiografía española. La prueba más evidente de que no era así es lo ocurrido durante los combates de Krasny Bor.

En julio de 1942, aquella gran unidad que estaba renovándose/reconstruyéndose, recibió órdenes para trasladarse desde el Vóljov hasta el frente de Leningrado, iban a participar en lo que se anunciaba como el asalto definitivo a la ciudad. Aquel movimiento iniciado en agosto dio tiempo al general Muñoz Grandes para instruir a sus hombres. Además se le indicó que, una vez acantonada en las proximidades del frente, tendría un tiempo antes de entrar en línea. La División Azul iba a tener un papel relevante en la ruptura que conduciría a la ocupación de la ciudad dentro de la Operación Nordlicht. Lo que indica el valor que como unidad de combate se daba a los españoles por parte del mando alemán.

Las circunstancias y la falta de fuerzas acortaron los plazos y la DEV entró en línea el 5 de septiembre entre Alexandrovka y el río Ishora. El general Muñoz Grandes asumió el mando de una zona de buenas posiciones pero sin profundidad en sus elementos de defensa, y procedió a reestructurar sus fuerzas para una acción ofensiva que se mantuvo viva hasta mediados de octubre de 1942. Ahora bien, por sus efectivos, que a finales de octubre podía desplegar 16.343 hombres, la DEV era la unidad más poderosa del frente. Con sus fuerzas podía mantener su sector sin dificultades ante cualquier contingencia.

El general Emilio Esteban-Infantes, que iba a sustituir en el mando a Muñoz Grandes, llegó al frente en agosto para convertirse en 2ª Jefe de la unidad, a él iba a corresponder, en gran medida la preparación final de la zona y el despliegue en el nuevo sector que se le iba a adscribir en que se libraría la batalla.

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Cerrado definitivamente el planteamiento ofensivo correspondía prepararse para establecer un escenario defensivo ganando lo que no tenían las líneas alemanas de un frente estático como era el asumido, profundidad. Ambos generales conocían la doctrina táctica española sobre la batalla defensiva que optaba por la profundidad y la distribución de posiciones defensivas con espíritu de resistencia al objeto de impedir al enemigo la penetración real y el dominio del territorio. Doctrina revisada durante la guerra civil sobre la que el propio Franco había teorizado, destacando la importancia de la batalla defensiva, en 1938 en sus instrucciones para los jefes de grandes unidades y en sus comentarios al reglamento de ese año. El general Muñoz Grandes asumió que se vería obligado a librar una difícil batalla defensiva cuando anunció que se mantendría a toda costa en Novgorod en el invierno de 1941-42.

El propio Franco en su ABC de la batalla defensiva. Aportación a la doctrina, síntesis final de lo escrito durante la guerra, incidiría en la necesidad de relegar «los órdenes lineales», optando por «sistemas profundos, tanto más necesarios cuanto mayor sea la capacidad de penetración de los Ejércitos modernos y su potencia para la ruptura» con lo que se organizará el terreno propio «preparando el sistema de fuegos que ha de aniquilar al enemigo», asumiendo que las fuerzas enemigas progresarán según sea la red de comunicaciones existentes que permitirán alimentar la batalla, por lo que «los campos de batalla principales hemos de buscarlos en esas vías de penetración, como en ellas ha de situarse el centro de gravedad de nuestras tropas», creando la zona de resistencia y en esta, siguiendo los reglamentos tácticos, lo fundamental es el ocultamiento y la dispersión de las fuerzas. En ese marco se desarrolló la batalla de febrero en el frente ruso.

Tanto Muñoz Grandes primero como Esteban-Infantes después trabajaron para dotar de profundidad sus líneas. La línea española tuvo una relativa tranquilidad, aunque sometida a los duelos artilleros y golpes de reconocimiento, entre los meses de octubre y noviembre, lo que permitió incidir en la instrucción de las fuerzas. Una optimización que no hay que depreciar a la hora de valorar las razones de la victoria española.

El problema, sobre todo para Esteban-Infantes al asumir el mando completo, fue la constante ampliación de la línea a cubrir por los españoles desde el sector inicial establecido entre Alexandrowka y el meandro del río Ishora. En enero de 1943 los soviéticos lanzaron la Operación Iskra que daría origen a la batalla por el control de los Altos de Sinyavino. La falta de fuerzas hizo a los alemanes exprimir el frente sacando unidades. La División Azul cedería al II Batallón del 269.º a mediados de enero de 1943. En Sinyavino los españoles demostrarían, una vez más, su capacidad de aferrarse al terreno y no ceder hasta quedar reducidos a la mínima expresión (solo 30 hombres regresarían indemnes), algo que no parece que fuera tenido en cuenta por el mando enemigo. Todo ello llevaría a la División a extender sus líneas primero hasta Krasny Bor, y después hasta más allá de la línea férrea cubriendo otros siete kilómetros. De un despliegue en el que los españoles mantenían reservas en cada subsector se pasó a un despliegue que embebía en línea a casi todas las fuerzas. Pero lo más grave era la falta de profundidad de la línea más allá del Ishora y la necesidad de preparar el terreno. Esteban-Infantes tendría que luchar contra el tiempo para ganar profundidad, pero este se estaba acabando. El tiempo había permitido trabajar en todo el sector la oeste del Ishora, pero ahora las líneas española podían alcanzar, según se evalúe, entre los 24 y los 30 kilómetros para soldarse al este con las fuerzas limitadas de la 4.ª División SS Policía que estaban retornando tras su participación en los combates de mediados de enero.

La División Azul cubría una línea que cortaba el río Ishora, la carretera Leningrado-Moscú, la población de Krasny Bor que ocupaba unos 9 kilómetros cuadrados y la línea del ferrocarril Leningrado-Moscú. A lo largo del mes de enero se hizo evidente que el subsector que se abría en el Ishora y llegaba hasta la línea férrea era tácticamente fundamental. Esteban-Infantes asumió la necesidad de ganar en profundidad asegurando las líneas en el Ishora y cubriendo la carretera, pero para completar un sistema que contara con suficientes posiciones para cubrir una amplia zona de resistencia necesitaba más tiempo. A la vez procuró destruir los intentos enemigos de progresar a la hora de acercar sus posiciones a la línea española ante Krasny Bor y la línea férrea. El condicionado despliegue español en la zona mostraría su eficacia el 10 de febrero.

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El  subsector de unos 11 kilómetros de línea, con unos cuatro fundamentales entre la carretera y el ferrocarril, quedó guarnecido por el Regimiento 262.º a las órdenes del coronel Manuel Sagrado Marchena, reforzado con el Batallón de la Reserva Móvil y la Compañía de Esquiadores, a lo que se sumarían, exprimiendo la División, el Grupo de Exploración, el Batallón de Zapadores y el Grupo Antitanques. El 10 de febrero tenían establecidos 2 escalones de despliegue y dos pequeñas reservas en su retaguardia. Durante los combates improvisarían una tercera línea. En total unos 5.000 hombres.

Lo que difícilmente podía prever el mando español o alemán era que los soviéticos hubieran situado el punto de ruptura de una gran operación ofensiva precisamente en aquellos kilómetros. Allí los españoles tendrían que aguantar primero la durísima ruptura artillera y después el asalto enemigo. Lo harían en inferioridad ya que el Ejército Rojo desplegaba 4 divisiones (72.ª y 43.ª de Fusileros, junto con la 63.ª y 45.ª de la Guardia) y una imponente masa artillera (la proporción con respecto a las baterías hispano-alemanas ha precisado Carlos Caballero era de 3.3 a 1, «que ya era bastante»). Flanqueada por las divisiones 72.ª y 43.ª de Fusileros, la 63.ª División de la Guardia, al mando del general Nikolái Pávlovich Simoniak tenía la misión de abrir brecha en Krasny Bor consiguiendo la necesaria ruptura. No era la 63 División una unidad escasamente fogueada, ni su general carecía de brillantez. De hecho, había protagonizado el 18 de enero la ruptura del frente enemigo en Shlisselburg, enlazando con las fuerzas del Frente del Vóljov en la Operación Chispa, lo que valió a Simoniak la Estrella de Oro de Héroe de la Unión Soviética.

La terrible preparación artillera que se prolongó durante casi dos horas castigó muy duramente a las compañías españolas, que en algún caso llegaron a sufrir bajas cercanas al 80% de sus efectivos. Simoniak no esperaba una fuerte oposición y cuando la infantería roja avanzó apoyada por carros KV 1 se encontró con la enconada resistencia de los restos de las compañías de Huidobro, Palacios, Oroquieta, Aramburu, Campos… Se abría así el tiempo de las resistencias decisivas que se prolongaría durante horas. Algo que no debió extrañar, cuando comenzó a tener información, al general Esteban-Infantes pues él mismo las había vivido en primera persona durante la batalla de Brunete en la guerra civil. Tampoco, a pesar de la dureza se produjo el hundimiento de la moral, los que retrocedieron en medio de la lluvia de fuego se recompusieron y contraatacaron cuando encontraron mandos que los reagruparon. Algo que difícilmente hubiera sucedido en una unidad de recluta forzada o sin más horizonte que la paga.

Según la propaganda enemiga la División iba a plantear escasa resistencia dado el componente humano de la nueva recluta. Parece evidente que los mandos del Ejército Rojo habían asumido como real esta imagen. Sin embargo, lo que los españoles estaban demostrando era una alta moral de combate no quebrándose la voluntad de vencer y una elevada calidad entre sus jefes, oficiales y suboficiales que tuvieron que combatir durante horas sin la necesaria comunicación entre las compañías ni con el mando superior establecido por Esteban-Infantes en el puesto avanzado de Raykolovo. Las compañías de la Guardia pudieron sobrepasar los núcleos de resistencia de las compañías de línea, pero se empantanaron en una zona de resistencia que nunca pudieron dominar, no pudieron adueñarse del terreno y esa fue la clave del día.

Sin comunicación exacta sobre el alcance de la penetración enemiga durante horas el general Esteban-Infantes movió sus escasas reservas y adoptó la medida de recurrir a los hombres del Batallón de Repatriación, disponiéndose a aguantar, en el peor de los casos apoyado en el Ishora; al otro lado del río el intento de progresión soviética había sido contenido y rechazado el ataque en el meandro del río. Con respecto a la actuación del general Esteban-Infantes, el general Fontenla ha precisado que si bien no percibió la entidad del posible ataque, «durante al batalla reaccionó de forma correcta… en su puesto de combate: empleó el fuego de la artillería divisionaria, empeñó reservas disponibles y se esforzó en organizar otras nuevas, y reforzó el borde de la lucha en Ishora para impedir sus ensanchamiento y facilitar, en su caso, la estrangulación de la penetración mediante un contraataque general».

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Al caer la noche, sobre las 15.30 los combates adquirieron una nueva dimensión sobre un terreno en el que las manchas blancas se alternaban con grandes extensiones de barro. Los españoles continuaban resistiendo en su segundo escalón apegados a las construcciones de Krasny Bor y en su improvisada última línea de resistencia. Los divisionarios habían dado tiempo al mando alemán a preparar una línea tras la zona de combate para guarecer Sablino. Las fuerzas de Simoniak no pudieron abrir la brecha necesaria en Krasny Bor, ni se pudo progresar al este de la línea férrea: no hubo ruptura definitiva. El mando del 55.º Ejército no pudo usar su reserva convenientemente, la 45.ª de la Guardia del general Krasnov, pues ya no había éxito que explotar y los alemanes habían desplegado una línea defensiva tras los españoles.

Al finalizar el día los divisionarios habían perdido en aquel subsector, que cederían a los alemanes de forma progresiva hasta la medianoche, entre 3 o 4 kilómetros, pero -insistimos- los soviéticos no consiguieron su objetivo que era abrir una brecha rompiendo el frente y dominando el terreno para permitir el avance, con lo que su ataque quedó dislocado perdiendo más de un tercio de sus efectivos, sin romper nunca de forma definitiva la última línea española ni ocupar su zona de resistencia.

La gloria, la victoria y la muerte acompañan siempre hechos de armas como los combates de Krasny Bor. En torno a 1.100 españoles perdieron la vida en la batalla, entre 200 y 300 cayeron prisioneros, otro millar y medio recibieron heridas de consideración -parte de ellos también dejarían este mundo a consecuencia de las mismas o acortarían significativamente su vida-. Hubo acciones heroicas que por falta de testigos nunca fueron convenientemente recompensadas. Un soldado, Antonio Ponte Anido, pese a estar herido decidió frenar un T-34 que se dirigía hacia un hospital de campaña, lo hizo con su vida, fue recompensado a título póstumo con la Cruz Laureada de San Fernando.

Según anota Carlos Caballero el mando alemán anunció la concesión por los hechos de aquel día de 30 Cruces de Hierro de 1ª, 300 de 2ª y 400 Cruces al Mérito Militar con Espadas. En parte de aquellos prisioneros, que fueron internados en los campos de concentración soviéticos, tampoco se quebró la voluntad de continuar la lucha y vencer. Algunos de ellos serían condecorados tras volver a España 11 años después.

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